21 de Octubre de 2018

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Las noticias de contaminación por emisiones vehiculares parecen ser exclusivas de la Ciudad de México...

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Los vehículos automotores son una de las principales fuentes antropogénicas de emisión de contaminantes atmosféricos. Quizás si comparamos las emisiones de una sola unidad contra las de una chimenea industrial nos parezcan muy bajas, pero, si tenemos en cuenta la enorme cantidad de vehículos que están en circulación actualmente, fácilmente podemos llegar a la conclusión de que conducir un vehículo privado es la actividad cotidiana más contaminante que realiza un ser humano común y corriente. Hasta septiembre pasado, el Inegi, basado en informes de los gobiernos de los estados, reportaba ya más de 27 millones 100 mil vehículos particulares en todo el país, además de las unidades del transporte público de pasajeros.

Si hiciéramos la pregunta a cualquier habitante de nuestra ciudad capital acerca de si considera que Mérida es una ciudad contaminada o contaminante, probablemente se extrañaría y después de un breve análisis nos diría que no. De hecho, es muy raro hablar de contaminación en la ciudad de Mérida, nunca es noticia el tema. Pero la ausencia de datos o conversaciones no significa que el problema no exista. Basta caminar por cualquier calle de la ciudad con un tránsito medianamente intenso para percibir a través del olfato que esos contaminantes ya alcanzan altos niveles.

Las noticias de contaminación por emisiones vehiculares parecen ser exclusivas de la Ciudad de México, debido a que ahí son más agudos los efectos, ya que todas esas emisiones quedan atrapadas gracias a la situación geográfica y morfológica del Valle de México. Sin embargo, los vehículos que circulan en Mérida o en cualquier otra ciudad emiten exactamente los mismos contaminantes, entre los que podemos encontrar hidrocarburos, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, bióxido de azufre, partículas suspendidas, plomo, amoníaco, bióxido de carbono y metano. La diferencia estriba en que aquí esos elementos son diseminados por el aire y con eso se evitan los problemas derivados de su concentración, sin embargo ahí están, presentes, reales, contundentes, quizás diluidos, pero igualmente mortíferos que los de la metrópoli.

El Reglamento de la Ley de Tránsito y Vialidad del Estado de Yucatán, en el Capítulo I del Título Séptimo, Artículos del 150 al 155, establece la responsabilidad de la SSP, “en coordinación con la Seduma y otras dependencias”, de implementar programas de verificación vehicular “para controlar la emisión de ruidos y contaminantes provenientes de los vehículos que circulen en las vías públicas del Estado”, y la obligación de los propietarios de vehículos de someterse a dichos programas. Para las autoridades obedecer lo que ordena el reglamento no sería una medida muy popular que digamos. Y te aseguro que como ciudadano, al igual que tú, tampoco deseo un requisito más, adicional a todos los que ya nos impone el pesado aparato gubernamental, ni tampoco me sobran los recursos para absorber el costo que implicaría, pero ¿no crees que ya es hora de abordar este grave problema que a todos afecta?

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