22 de Junio de 2018

Opinión

Enseñanza secuestrada

Ciclos escolares inician, ciclos escolares terminan. Pero el cínico amasiato entre la patrona y el empleado no tiene visos de concluir...

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Ciclos escolares inician, ciclos escolares terminan. Pero el cínico amasiato entre la patrona y el empleado no tiene visos de concluir.

No hay semestre en que los afiliados a la Sección XXV del Sindicato de Trabajadores de la Educación no se burlen impunemente del pueblo que con sus impuestos paga sus salarios inmerecidos.

Nuestra sociedad ha perdido la cuenta de las veces que sus hijos se han quedado sin clases; de las ocasiones en que los profesores han dado vacaciones a los alumnos sin pretexto.

Cada que a los maestros se les cruza una inquietud, optan por lo único que saben realizar a mansalva: abandonan las aulas irresponsablemente, convencidos de que no serán castigados donde en verdad les duele: en la nómina.

Una y otra vez los contribuyentes se han enterado de cursos y especialidades para los maestros, en aras, dicen ellos, de  elevar la calidad de la instrucción académica.

Sin embargo, de qué sirven esos cursos, si a la vuelta de la esquina los profesores no dan clases, escudados en un gremio sindical que los defiende a las primeras de cambio, haciendo gala de un enorme poderío que no se manifiesta en la noble tarea de educar.

El pueblo ha atestiguado que con o sin razón, a sus hijos les niegan la enseñanza, porque los señores profesores andan ocupados en  movimientos que no repercuten en el mejoramiento de la trasmisión y aprendizaje escolar.
Cada que se les viene en gana, los profesores cierran las puertas de los planteles. Nada les importa que la calidad de la educación que imparten sea una de las peores de Latinoamérica.

¿Qué les están enseñando a los estudiantes mexicanos? Antivalores, tales como la mediocridad, el engaño, pereza e ignorancia. Ni siquiera podríamos decir que les están inculcando algún espíritu de lucha sindical, pues el SNTE es parte de un status quo que tiene a México en la sima de un desfiladero

¡Y qué decir de la Secretaría de Educación, convertida en cómplice pública!

Cual disco rayado, a los padres de familia les han prometido que los días tirados a la basura por los profesores, serán recuperados. Pero queda en eso: vana promesa.

Con o sin la venia de la Secretaría de Educación, los quintanarroenses nos enteramos que la inscripción y acceso a las escuelas es condicionada por una cuota inconstitucional, violentado los derechos humanos de quienes desean estudiar.

¿Qué ha hecho al respecto la Secretaría de Educación? Seguir pagando el salario a los agremiados al SNTE, sin que éstos impartan clases y participen en plantones en ciertas entidades o simplemente defendiendo sus comisiones sindicales.

La dependencia mencionada, ¿acaso ha sancionado a los “maestros” aviadores, disfrazados de comisionados?
Si todo este proceder no es de cínicos, ¿tiene algún calificativo honroso? ¿De qué manera la SE y el SNTE podrían comprobar que sus quehaceres van encaminados a elevar la calidad de la enseñanza, si su proceder es la siembra y fertilización de antivalores entre el estudiantado?

Es cierto que hay planteles educativos que por las condiciones que operan dan lastima; que los salarios de los maestros no son los ideales; pero en tanto la enseñanza esté aprisionada entre los muros complacientes de la parte patronal y los sinvergüenzas barrotes de los trabajadores, difícilmente la educación académica saldrá del hoyo.   

Y mientras la denominada transición democrática da palos de ciego, la instrucción académica permanece secuestrada por un gremio que no está a la alturas de las exigencias de un país que soporta un nivel educativo que oscila entre lo malo y lo mediocre, con la tenaz resistencia de un gremio que defiende con unas y dientes sus denominadas conquistas sindicales.

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