19 de Septiembre de 2018

Opinión

Entre la sombra y la luz

La pelota rodó y en el fútbol mexicano disfrutamos de un último semestre lleno de adrenalina y dramatismo, de amor y desamor, de alegrías y tristezas...

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Entre el destape de la corrupción de la FIFA, los desmanes de Miguel “Piojo” Herrera y su agresión a un comunicador que lo llevó al exilio de la Selección Mexicana de Fútbol y la madurez de Javier “Chicharito” Hernández en el balompié del viejo continente, se nos fue el 2015.

La pelota rodó y en el fútbol mexicano disfrutamos de un último semestre lleno de adrenalina y dramatismo, de amor y desamor, de alegrías y tristezas.

Dándole mención al Atlante que estuvo cerca de lograr la hazaña y consagrarse en el fútbol de ascenso, cuando nadie creía en ellos, y por otro lado una final de ensueño en la Liga MX, que al final terminó con la consagración del siempre favorito, Tigres de la UANL.

Ya que hablamos del fútbol mexicano, me gustaría hacer énfasis en lo que para mí fue luz y sombra de nuestro balompié y esto tiene que ver con dos de los llamados grandes.

Sin duda alguna este 2015 volvió a ser un año de pesadilla para el Cruz Azul, no sólo arribó a la mayoría de edad sin título de liga, también fracasó en sus aspiraciones por tener un equipo competitivo.

Equivocó el camino con un técnico que ha sido trotamundos en nuestro balompié, Sergio Bueno, que  terminó por darle la puntilla a esta institución que de por si vive estigmatizada y con la etiqueta del eterno subcampeón, tras ocho finales perdidas en los últimos 18 años, en la que también han pasado 13 técnicos, contando al actual, Tomás Boy.

La máquina se oxidó y esté año se paseó por el camino de las sombras y aunque sabemos que no hay mal que dure 100 años, los celestes no dan una pista de un resurgimiento.

Y para reforzar este dato, tan sólo en el 2015 dos jugadores que vivieron la amargura de quedar subcampeones, ya presumen un título, pero con otros equipos: Javier “Chuletita” Orozco (Santos) y Javier Aquino (Tigres), lo que nos hace pensar que la maldición celeste es real.

Mientras que del otro lado, Guadalajara resurge entre las cenizas como el fénix, logrando un cierre de año que le dio un halo de tranquilidad a su afición.

De la mano del argentino Matías Almeyda, Chivas tuvo un cambio drástico, renació y recuperó un poco de la identidad que tenía sobre el suelo. Fue campeón de Copa y logró alejarse un poco del descenso, aunque continúa en la zona de riesgo.

El “efecto Almeyda” recuperó la dignidad del cuadro tapatío, que comienza a ver la luz al final del túnel.

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