18 de Enero de 2018

Opinión

Entre pacto y compromiso

El Pacto por México parte también de la necesidad de salir de la parálisis institucional, que de tan larga se ha vuelto muy peligrosa.

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Creo que no fue muy buena idea de Jesús Zambrano comparar el Pacto por México con los Pactos de la Moncloa en una entrevista con El País. Aunque aquel acuerdo para lograr una transición pacífica tras la muerte de Franco fue útil, hoy se encuentra desacreditado, sobre todo porque el papel jugado entonces por la monarquía hoy se ha vuelto peso muerto para los demócratas que ven la Tercera República como salida de la crisis.

Tal vez hubiera sido mejor que Zambrano recordara el Compromiso Histórico con el que Enrico Berlinguer llamó a que su Partido, el Comunista Italiano, encontrara acuerdos con la Democracia Cristiana para salir de otra crisis histórica que él caracterizaba como “profunda y crucial”.
Sea cual sea, cualquier comparación, si bien no necesariamente es odiosa, sí lo es incompleta y objetable. 

El Pacto por México parte también de la necesidad de salir de la parálisis institucional, que de tan larga se ha vuelto muy peligrosa, y permitir el avance del país más allá de los intereses específicos y electoreros de sus fuerzas políticas.

En eso se parece más el Pacto por México al Compromiso Histórico que a los Pactos de la Moncloa. Sin embargo, deseo que tenga mejor suerte que lo teorizado por Enrico Berlinguer e imposibilitado por las corrupciones partidarias y la violencia de una izquierda llamada ultra pero que en realidad era, como la nuestra, profundamente reaccionaria.

El secuestro y la muerte de Aldo Moro, con todas las traiciones y las vergüenzas que hasta hoy pesan sobre la vida política italiana, impidieron lo que la inteligencia de Berlinguer había diseñado. 

En nuestro país, aunque las banderas de la izquierda estén en el Pacto por México, el electorerismo y algunas ambiciones personales, por un lado, así como el relajo de embozados y violentos pueden desacreditar una idea que sirve a todas las formaciones democráticas pero, sobre todo, sirve al país. 

Tuvo toda la razón Lula da Silva al aconsejar a Jesús Zambrano que el PRD no saboteara la Cruzada Nacional Contra el Hambre: “Nos manifestó claramente que el papel de una izquierda inteligente y responsable debería ser el no obstruir este tipo de programas que le pueden servir a la gente”.

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