19 de Septiembre de 2018

Opinión

¿La entrevista en la literatura o la literatura en la entrevista?

Vienen a mi mente unos cuantos nombres cada vez que asocio literatura y periodismo: Gabriel García Márquez, Julio Scherer, Mónica Maristain y Vicente Leñero.

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Vienen a mi mente unos cuantos nombres cada vez que asocio literatura  y periodismo: Gabriel García Márquez, Julio Scherer, Mónica Maristain y Vicente Leñero. El puente que une esos dos campos letrosos es la entrevista, un género periodístico que, en su uso cotidiano, informa, plasma, detalla sobre algún suceso o personaje público.

En lo que parecen ser unas cuantas hojas llenas del testimonio de una persona, se asoma una de las variantes en las que han paseado algunas de las plumas arriba mencionadas, me refiero a la entrevista de perfil.

Este tipo de entrevista se amplía más allá de las licencias permitidas dentro del periodismo. Memorables son las entrevistas que Scherer realizó durante sus años de carrera, que es también hablar sobre su vida, porque así es como lo recuerdan muchos de los que trabajaron en la redacción con él, sentado en su escritorio, laborando hasta tarde, o cuando se cansaba de la oficina y se lanzaba a Centroamérica buscando historias. Octavio Paz, Pablo Neruda, el Subcomandante Marcos son algunas de las personalidades que entrevistó.

Maristain, quien siendo editora de Playboy Latinoamérica, llevó al cabo entrevistas a escritores latinoamericanos, es hoy conocida por ello. En especial, por haber perfilado a la distancia, a través de correos electrónicos, las últimas palabras del escritor Roberto Bolaño antes de morir.

Y no podía quedar fuera la multifacética pluma de Gabriel García Márquez como entrevistador. El periodista que también ha estado del otro lado de la libreta, contestando preguntas, entreviendo el nerviosismo de quien anota hasta sus mínimos carraspeos. Uno de sus trabajos más conocidos en la literatura es Relato de un náufrago (1970), este libro tiene su origen en una entrevista realizada a Luis Alejandro Velasco, sobreviviente entre los ocho hombres que cayeron del destructor Caldas a su suerte en el mar, cuenta García Márquez:

“Este libro es la reconstrucción periodística de lo que él me contó, tal como fue publicada un mes después del desastre por el diario El espectador de Bogotá […] En veinte sesiones de seis horas diarias, durante las cuales yo tomaba notas y soltaba preguntas tramposas para detectar contradicciones, logramos reconstruir el relato compacto y verídico de sus diez días en el mar”. 

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