19 de Octubre de 2018

Opinión

El entusiasmo es la sonrisa del alma

Es nuestro deber y compromiso ser forjadores de los hombres del mañana, generar con nuestro ejemplo que la lucha es lo único que tenemos como garantía para salir adelante.

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¿El día de hoy despertaste con el ánimo por los suelos y no tienes ilusiones?  No se te olvide que es igual de fácil pensar positiva que negativamente, sólo es cuestión de cómo se lo presentas a tu mente, pues creer es permitir y creer es aceptar.  Cuando aceptas tu fracaso has empezado a morir ¿Sabes por qué muchas personas no triunfan? Porque no creen que pueden y eso frena su potencial humano.  A nuestros hijos hay que darles estímulo y hablarles en forma positiva, pues de lo contrario les cortamos las ilusiones y les sepultamos las esperanzas.  Cuando vayan al fracaso estarán repitiendo las lecciones que nosotros les dimos.

La felicidad no es cuando se logran las cosas, sino cuando emprendemos una aventura y gozamos la alegría de vivir; disfrutamos más cuando salimos de vacaciones que cuando regresamos; disfrutamos más cuando vamos al cine que cuando volvemos. La felicidad es siempre estar alcanzando algo, luchar por algo, vivir para algo, tener el alma colgada a una estrella y vivir con la esperanza que el cielo hoy está nublado, pero mañana brillará un Sol esplendoroso.  Sentirlo y decirlo:  “Hoy me siento espléndidamente bien, pero mañana voy a estar mejor”.

Esta frase de Giuseppe Trovini es buena:  “Nuestros hijos sin la fe jamás serán ricos, gracias a la fe nunca serán pobres”.  Es injertar en esos pedazos de nuestro corazón, nuestros hijos, palabras de aliento, esperanza y lucha, no ser cegadores de la esperanza hablando de un México, que aunque veamos que se quiebra, tiene el gran poder de su raza que habla por su espíritu y grita ¡aún podemos!

Es nuestro deber y compromiso ser forjadores de los hombres del mañana, generar con nuestro ejemplo que la lucha es lo único que tenemos como garantía para salir adelante; tenemos que prometernos iniciar una nueva etapa cada día, con tesón y ánimo de no pensar en el fracaso, sino en el éxito que lograremos. Aprender a sacrificar nuestros placeres temporales, disciplinando nuestros apetitos físicos y emocionales, alimentando nuestra mente con Dios y ser creativo con un espíritu positivo.

Que el entusiasmo sea nuestra sonrisa del alma, renunciemos a la desidia, la pereza, la ignorancia y a la debilidad de carácter, pues “el fracaso es real sólo cuando tú decides aceptarlo”.  Haremos de nuestros errores lecciones de vida si sabemos navegar en el mar de la adversidad con mente positiva, aceptando que los problemas son al carácter lo que el fuego al acero: modelan, forjan, templan y dan forma a nuestra vida.

Nunca estaremos satisfechos con lo que tenemos, sino hasta que estemos en paz con lo que somos.  Eso es integrar nuestra realidad a la vida actual.  Integrar nuestra vida en ser felices con lo que tenemos y poder decir como ese adagio italiano:  “Si piensas más en ti que en los demás, te aíslas.  Si piensas más en los demás que en ti mismo, te enajenas.  Si piensas en ti como en los demás, te integras”.

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