Envejecimiento y espiritualidad

Por nuestro cuerpo estamos presentes e interactuamos con un mundo exterior y por nuestro espíritu estamos presentes e interactuamos con un mundo interior.

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Cuando hablo de espiritualidad, lo primero que suelo decir e insistir es que ser “espiritual” no es una decisión personal. Comúnmente a la espiritualidad la relacionamos con la religión, pero en realidad desde el “vientre materno nuestro espíritu se encarnó en nuestro cuerpo”. Luego entonces, ser “espirituales” es una característica propia de nuestra naturaleza humana y no obedece a determinadas posibilidades o actos intelectuales o religiosos. 

Después de siglos de mantenernos cortados en dos -enfrentados en conflicto mortal nuestra carne contra nuestro espíritu, en que beneficiar a uno era perjudicar al otro- la antropología filosófica ha definido con acierto y claridad nuestra naturaleza humana: “Somos espíritu encarnado” (Ramón Lucas) o “cuerpo espiritualizado” (Henri Bergson). 

Por nuestro cuerpo estamos presentes e interactuamos con un mundo exterior y por nuestro espíritu  estamos presentes e interactuamos con un mundo interior. 

Ambos son igualmente reales e importantes y se conjugan en nuestra persona. En ambos -al mismo tiempo- se va desarrollando y escribiendo la historia completa de nuestra existencia. Somos una maravillosa conjunción de carne y espíritu.

Jovencitos, la próxima veremos los beneficios de cultivar la vida espiritual y apreciaremos que carne y espíritu están indisolublemente ligados.