20 de Abril de 2018

Opinión

Eres tú, no soy yo

Pensar primero en los demás nos hace ser egoístas con nosotros mismos, nos aleja de nuestra esencia, de nuestro yo verdadero.

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José Martí dijo en cierta ocasión: “Para que tu paso en esta vida no quede desapercibido se requieren tres acciones: sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”; sin entrar a la discusión filosófica de la frase y como una mera catarsis emocional, hace unos meses revelé la existencia de un libro que me gustaría escribir, cuyo título sería “Eres tú, no soy yo”, y aunque tendría diferentes líneas de trabajo la primera sería una guía práctica de cómo “ser egoístas para ser felices”.

Ya sé que a lo mejor la primera impresión sería “El egoísmo jamás te puede llevar a la felicidad”, y desde la definición que tenemos de egoísta podría ser cierto. Para nuestra sociedad ser egoísta es uno de los peores defectos. Mezquino, ruin, ambicioso y un sinfín de palabras negativas aparecerán si buscamos sus sinónimos; paradójicamente es casi imposible encontrar a alguien que no lo sea.

De hecho, cada vez que acusamos a una persona de ser egoísta lo hacemos porque se ha comportado de alguna manera que no nos beneficia o nos perjudica y así todo egoísta será aquel que piense más en sus necesidades que en las nuestras.

En nuestra infancia, cada vez que no queríamos realizar algo se nos decía: “No seas egoísta” para que mediante un chantaje emocional realizaras algo que muchas veces no tenía gran valor porque se hacía de mala manera; sin embargo, esa acción nos fue modificando el chip que traemos de manera innata; así aprendimos que para no ser “mala persona” tenemos que aceptar todo lo que los demás quieran, sin muchas veces considerar lo que nosotros queremos. Ejemplos sobran, basta con recordar aquella fiesta a la que no queríamos ir, aquella película que no queríamos ver, aquel café con esa persona que no queríamos tratar (después de todo a muchos ni les gusta el café y aun así asisten).

Pensar primero en los demás nos hace ser egoístas con nosotros mismos, nos aleja de nuestra esencia, de nuestro yo verdadero.

Lo que digo no es que todos nos volvamos insensibles, indiferentes y antipáticos, sino que descubramos algo que se le conoce como “egoísmo consciente”, que nos lleva al autoconocimiento y que logra que nos fortalezcamos a nosotros mismos; si no nos conocemos, amamos y reconocemos lo que queremos y lo que no queremos, no podremos saber lo que nos hace felices, lo que nos mueve, lo que nos impulsa a seguir. Y es que, a menos que podamos ser felices por cuenta propia, difícilmente podremos ser cómplices de la felicidad de la gente que forma parte de nuestra vida familiar, social y laboral.

En un tiempo en donde en Yucatán se ha desatado una ola de suicidios, tal vez lo que necesitemos sea ser un poco más “egoístas conscientes”, entrar a un proceso reflexivo que nos permita la oportunidad de ser sinceros y respetuosos con nosotros mismos, un elemento clave para el fortalecimiento del amor propio y a la vida.

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