¡Eres un pin... vendido!

Es dura la elección entre convertirse en fanático o convertirse en traidor.

|

Regresaron los insultos. El lunes le cayeron al presidente del PRD, Jesús Zambrano. ¿Por qué? Porque los fanáticos lo tachan de irredento y se sienten con el derecho de lanzársele a la yugular.
Zambrano repitió el domingo y el propio lunes que el PRD se opone rotundamente a la “privatización del petróleo”. No importó. Los fanáticos lo persiguieron, rodearon y agredieron, porque solo ellos, omniscientes, saben que miente y está cocinando la venta junto con los maléficos enemigos.

El insulto no puede ser algo anecdótico, menos después de lo que hemos vivido desde 2006. Si se respetan el cronograma y el timbre del Pacto por México, seguramente tendremos insultos al por mayor con las reformas fiscal y energética y, una vez más, asistiremos a la desigual batalla del fanatismo contra el pluralismo. Y veremos la reedición de la fantasiosa, mediocre dicotomía de la lucha entre el pueblo bueno y la siniestra conspiración de las fuerzas corruptoras.

“Pinche vendido” es uno de los insultos predilectos. Querrán decir, supongo, que alguien, Zambrano en este caso, se puso un precio, salió a buscarlo y lo encontró. El pinche vendido se vendió y el impoluto lo delata. El puro contra la puta. El honorable contra el alma podrida. Bien dice Amos Oz que la semilla del fanático siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral. Así ocurrió el lunes.

Un abrazo a Jesús Zambrano. Es dura la elección entre convertirse en fanático o convertirse en traidor. 

Y ya se sabe que para los fanáticos mexicanos, “pacíficos, amorosos, patriotas, comprometidos”, no hay más que dos sopas: estás con ellos incondicionalmente o eres un traidor.
Un pin.. vendido.