18 de Diciembre de 2017

Opinión

Es hora del turismo cultural en la Riviera Maya

El Festival de Jazz en la Riviera Maya debe convertirse en la actividad que consolide el turismo cultural como una oferta original, exclusiva e irrepetible en el destino...

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El Festival de Jazz en la Riviera Maya debe convertirse en la actividad que consolide el turismo cultural como una oferta original, exclusiva e irrepetible en el destino. Tiene categoría de sobra: está considerado ya entre los 10 mejores en el mundo, y a su organización pretenden sumarse organismos públicos y privados para potenciarlo aun más.

De hecho, la incorporación del ayuntamiento en esta edición para presentar encuentros alternos, ha sido un acierto para que los artistas locales aprovechen la tribuna y los habitantes también disfruten un encuentro al que hasta hace poco se creía dirigido para extranjeros y turistas.

En este sentido, las mesas redondas, las exposiciones, las presentaciones de libros y los conciertos gratuitos, lógicamente al alcance de todos, representan la oportunidad para avanzar en la diversificación seria de la oferta turística cultural, mucho más allá del ambiente bohemio propio de Playa del Carmen, ideal para manifestaciones artísticas.

Las autoridades del Estado argumentan con frecuencia que parte del éxito turístico de Quintana Roo ha sido “vender” al Caribe mexicano en su conjunto, como un multidestino que posee más que sol y playa. Es verdad. 

La historia peninsular y la cultura maya se erigen como elementos culturales que aglutinan ese pasado glorioso en un presente del que se puede obtener mayor provecho. Falta por hacer y mucho para que el turismo cultural sea rentable por sí solo, aunque lo idóneo sería comenzar a retroalimentar esta oferta con otras de lugares cercanos. No competir, sino complementar.

Una opción inmediata favorable sería impulsar el desarrollo de más actividades en sitios más culturales (como Cozumel y Tulum) en las que destaquen sus encantos y permitan la diferenciación entre las ciudades. El propósito final, debe insistirse, es retroalimentar para consolidar la oferta para que el visitante conozca, comprenda y disfrute en la Riviera Maya el conjunto de elementos, espirituales y materiales, en este destino que junto con Cancún se presentan como los líderes latinoamericanos en la materia.

Que se entienda bien: el Festival de Jazz, junto con todos aquellos atractivos turísticos y las expresiones culturales, como la gastronomía, el arte popular, las leyendas y las fiestas populares deben integrarse a la oferta general, pero con diferenciación y valores propios. 

El Festival de Jazz permitirá la promoción natural del destino, y las autoridades de los tres niveles tienen la chance imperdible de dar a conocer los beneficios de la vinculación turismo y cultura como acción promotora del bienestar en las comunidades receptoras.

La Riviera Maya es un sitio con alto impacto turístico desde el punto de vista de llegada de turistas, derrama económica y generación de empleos, con zonas arqueológicas, áreas naturales protegidas, ciudades histórico-culturales y otras que aspiran a ser Patrimonio de la Humanidad (Cozumel) o cuando menos Pueblo Mágico (Tulum). Por lo tanto, es más fácil crear un destino con identidad, con autenticidad, con valor agregado, y que complemente la oferta sin “quitar” turistas a ciudades vecinas.

Debe hacerse cuanto antes. Los efectos de un tratamiento adecuado del turismo cultural implican la satisfacción del visitante, la conservación del patrimonio turístico y el desarrollo económico y social, todo lo que buscan las autoridades,  los turisteros y los hombres de negocio. 

Es el momento de hacerlo. Es el momento de la Riviera Maya.

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