21 de Septiembre de 2018

Opinión

Escribir en femenino

Cada que una mujer es golpeada o asesinada, algo muere un poco, algo de esto que llamamos mundo.

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A invitación de la directora del IEGY: Rosario Cetina, participé en la mesa “La Mujer en la cultura y las artes”. Comparto parte de mi texto que se leyó en el Congreso del Estado. Soy dramaturga, directora y actriz.

Las mujeres son mis protagonistas. Mis musas llenan las páginas para contar su historia, reclamar los  tiempos que les pertenecen y decir las cosas que de otra manera no dirían, porque no pueden, porque aprendieron a callar o porque están muertas. Me preguntan si como mujer de teatro me he sentido discriminada. La verdad, no.

Pero tampoco creo que se deba tener alguna consideración para mí porque soy mujer. Las mujeres no somos menos, pero siempre debemos luchar más. Crecí con el ejemplo de trabajo incansable de mi madre. Ella era empleada doméstica en las mañanas y por las noches limpiaba un salón de belleza. Mientras ella trapeaba, yo acomodaba las revistas que las clientas habían dejado regadas en el salón. Los rostros de esas mujeres de portada no tenían nada que ver con el ojeroso y ajado rostro de mi madre. Casada con un alcohólico, sufrió violencia intrafamiliar y perdió hijos al ser golpeada en sus embarazos. Por ella conocí el arte, trabajó mucho para que tuviéramos opciones.

Creo que aún hay mucho que hacer contra la violencia doméstica. Si la vida pasa por las manos de las mujeres, cada que una mujer es golpeada o asesinada, algo muere un poco, algo de esto que llamamos mundo y que a todos nos corresponde una orilla. No hay debilidad en las mujeres si hay conciencia de su fortaleza. ¿Acaso una mujer sola que alimenta cinco hijos no es un titán? Yo pienso que sí, de ahí viene mi deseo de trabajar con todo lo que tengo, mi fuerza, mi letra, mi teatro. 

Mi madre, nunca verá su rostro en la portada de una revista,  pero siempre será la imagen más bella y poderosa en la historia de mi vida. Hagamos eso con las mujeres que conocemos y que son parte de nuestra historia: hagámoslas portadas de una revista vital, les juro que siempre habrá hojas nuevas,  historias que nos enseñen que quizá una sola mujer no puede cambiar el mundo, pero si se agarra de sí misma con todas sus fuerzas, será capaz de cambiar el mundo que construye para sus hijos y quizá algún día, gracias a su esfuerzo y su amor de madre, uno de ellos logre ser el artista que soñó y pueda compartir su experiencia en otras partes del mundo… o quizá un día esté en el Congreso del Estado de Yucatán para recordar lo importante que es su palabra y que todos los esfuerzos que hizo para darle opciones, para no ser una empleada doméstica, valieron la pena.

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