19 de Septiembre de 2018

Opinión

Escribir el viaje en el siglo XXI

¿cuál sería el sentido de escribir una crónica de viaje en pleno siglo XXI?

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En clase preguntaba a mis alumnos: ¿cuál sería el sentido de escribir una crónica de viaje en pleno siglo XXI? El tema surgió a raíz de leer el artículo de Cristian Vázquez titulado 'Cómo escribir una crónica de viaje', que se publicó en la revista Letras Libres. El periodista y escritor se pregunta cuál es la utilidad y necesidad de leer una crónica de este tipo en un entorno globalizado, donde prácticamente todo está visto y es fácil obtener información sobre cada rincón del mundo. Tenemos a la mano reportajes, programas de televisión, películas, revistas y blogs de temática de viaje, hasta aplicaciones como TripAdvisor. 

Es cierto que uno no puede presumir de haber llegado a 'terra ignota' pero la crónica contemporánea permite acceder a la situación particular del viajero. Bellamente la académica argentina Sofía M. Carrizo Rueda nombró a los relatos de viaje 'fragmentos de mundo', pensando en que esas escrituras describen a las personas, paisajes y entornos de apenas una minúscula parte del mundo. Pero hoy, cuando la subjetividad está más marcada, al leer juntos 'fragmentos' y 'mundo' es comparable a la frase 'cada cabeza es un mundo'.  El viajero hace su propia invención de un país.

Esta semana coincidí con una ex compañera de generación de la carrera, Lucía se fue a Estados Unidos desde enero, durante nuestro encuentro estaba de visita en Mérida. Ella tiene su lugar de residencia en Washington, D.C., viaja y vive como au pair, un tipo de viaje del que poco se ha escrito desde la experiencia del 'Yo' o más allá de campañas y testimonios publicitarios para estos programas. Por supuesto, habría que tener clara la diferencia entre la guía turística y la crónica de viaje al disponerse a escribir.
Nos dice también Carrizo Rueda que la guía turística nos indica la confiabilidad del viaje, lo realizable que es, mientras que la crónica no sólo proporciona información y datos, nos abre la ventana a otras formas de pensar en los pasos de alguien más, la apreciación de un viajero singular. Tal vez en el futuro tengamos crónicas de movimientos aparentemente sencillos como los traslados en la casa, el espacio adecuado para experimentar lo que significan ese sillón, el cuarto de lavado, una porción de piso que reclamamos nuestro en el inmenso mundo. Sería una crónica de un viaje al pasado, un itinerario por las casas de la vida y lo que representaron en su debido tiempo. Un verdadero laberinto de las regiones del inconsciente que Joseph Campbell asociaba con la tierra desconocida en la que se adentraban los iniciados. Los miedos y secretos serían material para un bestiario.

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