18 de Septiembre de 2018

Opinión

Estudios dañan a cetáceos

Ballenas y delfines son sumamente sensibles a los sonidos porque todos los aspectos de su vida: la alimentación, la comunicación entre ellos, la reproducción y las interacciones sociales complejas dependen de la acústica.

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La aparición de varios ejemplares de mamíferos marinos muertos en la costa yucateca ha traído consigo una serie de teorías que tratan de explicar las causas de muerte de nueve delfines y una ballena de aleta. Una de las teorías es la “probable” ejecución de estudios de prospección sísmica que se utiliza para obtener información sobre la presencia de hidrocarburos en el Golfo de México mediante barcos con cañones neumáticos que producen ondas sonoras de alta frecuencia.

Las tecnologías empleadas en la exploración de petróleo ocasionan ya un impacto a la diversidad biológica marina. La tecnología utilizada se llama prospección sísmica, la cual consiste en mandar ondas de choque hacia el fondo del mar, empleando los llamados “air-guns”. Esta tecnología indica la presencia de formaciones rocosas y posibles depósitos de petróleo en el fondo marino. 

Un solo minuto de exposición a un sonido de 130 decibeles causa la pérdida permanente de la audición en un ser humano. Se harán 365,000 descargas sísmicas en el proyecto, cada una de las cuales causará debajo del agua un ruido de 208 db, siendo esto 100,000 veces mayor que el nivel de ruido que produce la pérdida permanente de la audición en los humanos.

De acuerdo con estudios de impacto ambiental de  las empresas que realizan estas prospecciones, esta actividad no es un problema. Dicen que “la posible pérdida de individuos de especies se considera de poca significación directa y con baja probabilidad de ocurrencia, pues la mayoría de los mamíferos marinos tiene una tolerancia considerable al ruido generado por los barcos y se prevé que se presente el alejamiento temporal de algunos individuos de especies y el posible daño poco significativo”.

La verdad, sin embargo es que ballenas y delfines, en vías de extinción y protegidos en México, son sumamente sensibles a los sonidos porque todos los aspectos de su vida: la alimentación, la comunicación entre ellos, la reproducción y las interacciones sociales complejas dependen de la acústica. Estudios científicos han mostrado que los ruidos fuertes generados por las explosiones sísmicas dañan la capacidad de ecolocación de las ballenas. En áreas de prospecciones sísmicas aumenta el número de ballenas capturadas en redes pesqueras. Heridos por el ruido, los animales aparentemente pierden la capacidad de usar su ecolocación para evitar las redes. Seguiremos comentado el tema.

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