16 de Octubre de 2018

Opinión

Ética y disciplina (*)

Un artista sin disciplina no crecerá, pues es la que le hará construir compromisos ineludibles con tal de ser parte del hecho teatral.

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Soy una mujer indisciplinada. No existe manera de que alguien como yo -criada bajo una mirada materna ruda, única, indivisible y omnipotente- forme parte de algo que no quiere. El único lugar donde asumo la disciplina es en el teatro.

He tenido que aprender. Reitero: he aprendido a estar y creer. Creo en la disciplina como un arma de dos filos: puedes ser un cínico indisciplinado y exigir rigor a los que integran tu compañía o asumir la disciplina que exiges y ser congruente ante los actores. Un artista sin disciplina no crecerá, pues es la que le hará construir compromisos ineludibles con tal de ser parte del hecho teatral.

Aún dudo de esas sesiones militares que suelen tener algunos maestros o directores. Entiendo que no hay una sola fórmula, pero esa no es la mía, creo en la disciplina natural que crece alimentada por la pasión. Soy indisciplinada en la vida, pero nunca he dejado de hacer lo que me corresponde, de cargar el pedazo de telón que me toca para abrir mi teatro y el de los que quiero y creo. 

ETICA. Es una palabra con la que un artista se tropieza varias veces, como un cristal ante el que hay que detenerse o seguir, llevándose las astillas de la deshonestidad como bandera de identidad escénica. Cuando escribí “Todavía…Siempre” debía entrevistar a una amiga.

La obra debía contener parte de su vida. Ella no sabía que en esa visita yo iba para recoger los secretos de su historia. Sentí que no era ético grabarla, preferí confiar en mi memoria y quedarme sólo con lo que recordara. En el estreno temía la reacción de mi amiga, pero su vida fue tratada con respeto y amor. No hubo queja y nuestra amistad no se rompió.

La ética va más allá de una duda existencial; son los cimientos en los que un artista construirá su obra y de ello dependerá su tiempo de vida y trascendencia. Si existe un verdadero compromiso con el teatro hay un punto en el que ya no sabes por qué haces las cosas -por disciplina, compromiso, amor-, pero estás ahí, sosteniendo tu microcosmos con todo lo que tienes y lo que eres.

Hay cosas que enseñamos desde la escena y otras que nos enseña el teatro o la vida, pero  la verdadera gran lección de este viaje es estar dispuestos a aprender, un poco cada día, un paso cada vez; solo así se alimenta la utopía y se abren los telones de muchas vidas. 

*) Leído en la XXXIV Muestra Nacional de Teatro, a invitación de la Coordinación Nacional de Teatro.

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