16 de Noviembre de 2018

Opinión

EU, ¿república bananera?

Los extremistas republicanos intentan detener la aplicación de la Ley de Cuidados de Salud Accesibles, firmada por Barack Obama.

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La población estadunidense, en medio de la indignación y la frustración, observa la encarnizada batalla entre los demócratas y el ala de extrema derecha de los republicanos conocida como el Tea Party. Los extremistas republicanos intentan detener la aplicación de la Ley de Cuidados de Salud Accesibles, firmada por Barack Obama en 2010 y en vigencia desde el 1 de octubre; de acuerdo con el Tea Party el programa constituye una expansión y crecimiento de un gobierno demócrata en extremo intervencionista que atenta contra el liberalismo económico. 

El Tea Party afirma, de acuerdo con el posicionamiento más extremo del liberalismo de Adam Smith, que el mercado tiene la capacidad de autorregularse y una intervención del gobierno para garantizar salud a sus ciudadanos aumenta los impuestos,  daña a la economía de las empresas y por consecuencia el nivel de vida de los estadunidenses.

La realidad es que de acuerdo con la oficina del Censo de Estados Unidos, un 17.4% de la población, un total de 57 millones de personas, no tiene seguros médicos, ante esto el Tea Party asegura que sólo con la expansión de la economía los trabajadores estadunidenses puedan garantizarse a sí mismos servicios médicos sin tener que recurrir a la intervención del gobierno; es tal su convencimiento que han tratado en más de 40 ocasiones de acabar con la reforma de Obama al sistema de salud, la más importante de los últimos 50 años en esta área. La ley no implica que el gobierno proporcione los servicios médicos de manera directa, sino que permitirá la contratación de coberturas de salud a precios menores o subsidiados.

La intención de proporcionar servicios médicos a los sectores más pobres y desfavorecidos de la sociedad norteamericana no es nueva, en 1944 Franklin Roosevelt, uno de los mejores presidentes de la historia de los Estados Unidos, propuso la promulgación de una Segunda Declaración de Derechos que complementara la Carta de Derechos de los Estados Unidos de 1791, en la que pretendía incluir entre otros derechos fundamentales la seguridad social y los servicios médicos; desafortunadamente Roosevelt falleció en 1945 y no pudo lograr que el acceso a los servicios médicos fuera un derecho fundamental de todo estadunidense. Casi 70 años después esta aspiración no ha podido ser cumplida. 

En estos días los miembros más recalcitrantes del Tea Party se han negado a autorizar el presupuesto del gobierno de Estados Unidos que inició su ejercicio el 1 de octubre. Al no existir presupuesto autorizado el gobierno no puede pagar sus deudas, ni mantener en operación su estructura, se han cerrado los parques nacionales, los museos, oficinas administrativas, la NASA, oficinas del Pentágono y otras tantas instituciones. La actividad gubernamental se ha reducido al mínimo por falta de recursos; irónicamente el programa que algunos republicanos tanto han luchado por boicotear se ha puesto en marcha, ya que siendo un derecho adquirido por la población, tiene sus fondos obligatoriamente asegurados y no tiene que esperar recursos del presupuesto anual.  

Los republicanos han extendido algunas propuestas para asignar fondos a algunos sectores del gobierno de Obama, posibilidad que los demócratas han rechazado tajantemente, porque no desean que los republicanos sean quienes decidan qué sectores del gobierno van a funcionar y cuáles no. 

El daño a la economía es incipiente pero esto puede cambiar, el 15 de octubre se debe de autorizar un nuevo techo a la deuda de Estados Unidos, el objetivo es autorizar una mayor capacidad de endeudamiento y que el país pueda cumplir con sus obligaciones y pagos internacionales. El Tea Party amenaza con votar en contra de la propuesta para presionar a Obama a olvidar su reforma de salud, Obama aseguró que no cederá ante ningún chantaje. Si los republicanos extremistas mantienen su posición de destruir a toda costa la reforma de salud de Obama y se niegan a autorizar un nuevo techo a la deuda,  el país no podrá cumplir con sus obligaciones de pago y las consecuencias para la economía internacional pueden ser catastróficas.

Obama insiste en que Estados Unidos no es una nación morosa, ni una república bananera y que amenazar con dejar de pagar sus deudas es el colmo de la irresponsabilidad. Algunos políticos y analistas estadunidenses han condenado la falta de espíritu democrático y el empecinamiento en proteger las visiones e intereses partidistas en lugar de actuar en bien de la nación,  externamente están dejando la impresión de unos Estados Unidos con una democracia vapuleada, como aquellas repúblicas bananeras de las que tanto se han mofado a través de su historia.

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