16 de Diciembre de 2017

Opinión

¡Eureka, lo encontré!

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Coincidiendo con los 40 años de la fundación de la Facultad de Psicología y la próxima conmemoración del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se presentó el libro “Mujeres maltratadas, hombres maltratadores”, de María Rosado y Rosado, que culmina años de trabajo sobre el tema, del que fue pionera desde el tiempo en el que se trabajaba poco o de plano se soslayaba.

Siendo un problema “multifactorial”, para decir que tiene muchas causas y en el que se mezclan procesos físicos y psicológicos profundos, la historia familiar y el medio social, el libro, como nos dice la autora, “intenta entretejer, desde la psicología, la mirada clínica con la social, miradas que, por lo común, no se unen  para observar el fenómeno de la violencia hacia la mujer en la relación de pareja”. En la segunda parte expone el trabajo clínico y las formas de terapia, con una mirada igualmente abarcadora. Tanto para los especialistas como para los que no lo somos, constituye una herramienta que seguramente se estudiará y consultará y una ventana para comprendernos y comprometernos. 

Es un libro multitudinario, que congrega en citas y sabiduría a maestros y condiscípulos, teóricos famosos y amigos, amores y desamores, que su autora transforma en reflexión y conocimiento accesible, siempre con la empatía que es propia de quién se acerca a “la noche oscura del alma” para encender un poco de luz, como los psicólogos, los chamanes o los sacerdotes, pero lejos de los “oficios de tinieblas”.

Y aborda la verdad  directa, en este caso oportunamente equiparable a la poesía, como lo dice Rosa Díaz en “¡Eureka, lo encontré!”: “Te escribo, Juan, para decirte que he encontrado la poesía / pura. / Era tremendamente duro llegar a ELLA. / Consistía, en llamar al pan, pan, y al vino, vino. / Con todos mis respetos”.

Un acontecimiento para todos pues el libro, además de ser investigación profunda, aporta a la tarea esencial de lograr plena igualdad de hombres y mujeres e iluminar nuestra vida personal y familiar.
Tal vez sea este el principal reto cultural de nuestro tiempo y la tarea personal más relevante, especialmente para los hombres, pues sin ello nuestra humanidad queda trunca o, peor, extraviada.

Me quedo con la convicción de que la tarea principal es con nosotros mismos, hoy y ahora, advertidos por Laura Campmany en su poema “Epitafio”: “Aquí yace, si yace todavía, / y es tan siquiera polvo enamorado, / la que nunca os hubiera perdonado / que le cavaseis esta tumba fría. / La que aún después de muerta os desafía / a  que la améis como os hubiera amado, / la que hubiera dormido a vuestro lado / con tal de devolveros la alegría. / Aquí yace y es triste, porque quiso / agotar la magnífica aventura / de ser mujer, y serlo por completo. / Dicen que  no creyó en el paraíso: / sospechaba que aquí en la sepultura / Iba a ser sólo un lóbrego esqueleto”.


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