22 de Septiembre de 2018

Opinión

Expresar nuestras emociones es terapéutico

Hoy intenta utilizar tus alas. Tú eres quien decide lo alto que quieres volar. Nadie puede hacerlo por ti.

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Hace unos días una señora entrada en años me interrogó  ¿que por qué escribo cada semana en el periódico Milenio? Y presto le respondí: “Se puede cantar, hablar, reír, llorar y gritar en silencio...a eso se le llama escribir”. Sí mi querida señora, el escribir es una catarsis, donde el articulista deja plasmadas en sus páginas, pedazos de la mente y trozos de su corazón. Ahí muchas veces decimos lo que callamos.

En estos últimos años he entendido, que “expresar nuestras emociones es terapéutico”, porque estamos a salvo siendo vulnerables. Dios tiene un tiempo perfecto para cada uno de nosotros, nunca temprano, nunca tarde, se requiere de paciencia y mucha fe, pero vale la pena la espera.

No debemos de perder de la mira, que la vida es corta y no sabemos cuándo debemos de partir de ésta. Por lo cual hay que levantarnos cada mañana y preguntarnos cómo te presentarías si éste fuera el último día de tu vida. Esta pregunta te dará luz para vivir de forma profunda y valorar qué es lo importante y no lo urgente.

Hoy intenta utilizar tus alas. Tú eres quien decide lo alto que quieres volar. Nadie puede hacerlo por ti. La vida no es fácil, pero hay un motor llamado corazón, un seguro llamado fe y un conductor llamado Dios.

Una vida vivida plenamente abarca estar rodeado de las personas que amas, gozar de salud, esforzarse por ser feliz e ir diariamente hacia mi potencial en desempeñar mi trabajo lo mejor que pueda, tratando siempre en realizarme como un ser humano pleno en mente, cuerpo y espíritu.

Si queremos podemos llevar a la práctica la siguiente terapia mental. “Morir cada día y valorar lo que tenemos hoy y ahora”. Vivir como si el mañana no fuera a llegar. Al acostarnos en las noches, podemos cruzar los brazos y sentir que estamos en nuestro ataúd. Ya descansamos. Ya terminó nuestra existencia en este mundo. Y a la mañana siguiente, al despertar...y abrir los ojos vamos a contemplar el día que Dios nos ha regalado. ¡Estamos vivos! Tenemos una nueva vida por delante. Vamos a esforzarnos por ser felices y hemos logrado escapar de la muerte.

Hoy, no mañana, debemos ser positivos y vivir el presente con entusiasmo y disfrutar siempre cada instante que Dios nos regala de vida. Porque el pasado ya se fue y el futuro no ha llegado. Vivir el hoy es lo único que tenemos.  La prueba más clara de sabiduría es una alegría continua. Sólo nos queda dar amor y recibir amor, “es la moneda para comprar la felicidad”.  Ama a Cristo, ama a tu prójimo, ama a tu enemigo, pero no se te olvide en amarte tú primero, pues nadie puede dar lo que no tiene.

Vivir este instante, disfrutar este día y aceptar nuestra realidad. Bien dice Richard Bach: “La única diferencia, realmente la única, es comprender lo que de verdad eres y empezar a ponerlo en práctica”.

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