12 de Diciembre de 2017

Opinión

Extremo

El calentamiento gradual de nuestro planeta es también el gatillo que ha disparado muchos otros cambios en el clima de la Tierra.

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El calentamiento gradual de nuestro planeta es también el gatillo que ha disparado muchos otros cambios en el clima de la Tierra. La cantidad y magnitud de eventos ambientales y climáticos catalogados como 'extremos' ha ido en aumento en las recientes décadas. Y otra vez, como lo hemos señalado en las pasadas semanas, se cuenta con nuevas y sólidas evidencias científicas para afirmar que el incremento en la ocurrencia de esa clase de eventos se debe a la acción del hombre.

Aunque existen muchas consecuencias visibles y sensibles del cambio climático, una de las principales maneras en que muchas personas experimentamos este fenómeno es con las llamadas 'olas de calor' y la sequía, dos de esos eventos a los que me refiero que ahora suceden un mayor número de veces, y con una fuerza tal que nos permite calificarlos como de grado 'extremo'. Eso lo sabemos muy bien los yucatecos.

Se conoce como una 'ola de calor', a un período de tiempo que puede durar desde un par de días hasta algunas semanas, y que es anormalmente caluroso. Pues bien, en diversos sitios de nuestro planeta, la cantidad de olas de calor intensas, registradas y documentadas en los últimos cinco años, ha triplicado el promedio observado a largo plazo, se han establecido records de temperatura elevada, y la probabilidad de que esta tendencia continúe en los próximos años se ha duplicado a consecuencia del cambio climático inducido por el ser humano. Y aún más, la 'temporada' de calor, es decir, la cantidad de días o los meses que comprende este período, es ahora más prolongada, con valores que no tienen precedente desde que existen los primeros registros instrumentales confiables de temperatura en el mundo, a finales del siglo XIX.

Temperaturas más elevadas derivan también en altas tasas de evaporación, lo que ocurre principalmente en dos niveles: la evaporación directa de la superficie, es decir de los suelos, y la que ocurre por acción de las plantas a través de sus hojas (también llamada evapotranspiración). Si a estos factores agregamos un decremento en la precipitación pluvial, el resultado es períodos de sequía extrema. 
Cuando el suelo ya está completamente seco y no hay más humedad que pueda evaporarse por la acción de la energía que continuamente llega del sol hasta la tierra, entonces esa energía lo que hace es calentar el propio suelo y el aire adyacente, resultando en un calor seco que es más insoportable que uno húmedo.

Los yucatecos sabemos perfectamente que la actividad ciclónica en el Atlántico, tanto en frecuencia como intensidad y duración de los huracanes, se ha incrementado notablemente a partir de 1980, todos en mayor o menor medida hemos padecido sus consecuencias. Y ese es otro tipo de eventos climatológicos extremos que han registrado incrementos.

¿Aún queremos esperar un poquito más para empezar a ACTUAR?

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