20 de Septiembre de 2018

Opinión

Filibusterismo legislativo

El PRD ha malgastado su capital político y el de sus personajes principales, como Cuauhtémoc Cárdenas, lo que los ha dejado con las manos vacías.

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En relación con las reformas secundarias en materia energética, el gran ausente en la discusión es el PRD, o más precisamente las organizaciones partidistas llamadas de izquierda que cobija, tan afectas a la teoría del complot, que se equivocaron de cabo a rabo, desde el mal cálculo sobre la utilización  del Mundial de Futbol como maniobra distractora para su aprobación, lo que evidentemente no se dio, hasta su estrategia de filibusterismo legislativo, pasando por su descarada intención de diferir hasta el extremo su debate.

Y ahora, ante su inminente aprobación, ha surgido en su seno una tendencia sensata que busca introducir en la legislación límites y candados que difícilmente prosperarán, tanto por constituir una corriente minoritaria, como por la dificultad de construir una propuesta congruente cuando desde el principio, obligados por la postura radical de AMLO, apostaron en contra de la reforma.

De ahí que hayan malgastado su capital político y el de sus personajes principales, como Cuauhtémoc Cárdenas, lo que los ha dejado con las manos vacías.

Su estrategia no les ha dejado más recurso que la oposición testimonial y el filibusterismo legislativo, a que son tan afectos nuestros vecinos norteamericanos, que consiste básicamente en prolongar las discusiones en los órganos legislativos, con o sin argumentos válidos. La diferencia es que ahí sí funciona porque hay límite de tiempo.

Entretanto, aunque fortalezcan su voto duro, dejan en los electores independientes la imagen de una izquierda intransigente y supina; inflexible y por tanto no dispuesta a los acuerdos políticos.

Sin embargo, como sucede con la de telecomunicaciones, todo indica que la reforma energética puede atraer importantes inversiones de capital privado, nacional y extranjero.

Alto costo.- No cabe duda que la ineficiencia del Ayuntamiento de Mérida eleva los costos que los ciudadanos tenemos que pagar cotidianamente y nos vuelve menos competitivos. Me refiero en este caso a la pésima situación de nuestras calles que, dada la proliferación de baches, nos obliga no sólo a invertir nuestro ingreso en el pago de llantas y refacciones del sistema de suspensión automotriz, sino también del tiempo que demoramos en hacer nuestro recorrido hacia los diferentes centros de trabajo, académicos y de esparcimiento.

Y no hablo exclusivamente de la situación de las vías secundarias, sino de las arterias principales, como la muy concurrida que va de Altabrisa al Paseo de Montejo, el Circuito Colonias de Oriente a Poniente, así como las de Díaz Ordaz, Prado Norte. Ni hablar de las colonias del sur.

La decisión del alcalde de invertir todo el presupuesto vial en sólo dos obras: la de la 60 Norte y la de Prolongación de Paseo de Montejo con el carísimo, e inadecuado para nuestro suelo y clima, concreto hidráulico, nos privó de un programa extensivo de repavimentación. Su lema parece ser: “Pocas obras, pero caras”.

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