21 de Septiembre de 2018

Opinión

Filosofar a martillazos (1)

Al final de la vida de Nietzsche su obra cobra importancia dentro del campo de la filosofía a tal grado de ser uno de los autores más influyentes en el mundo contemporáneo.

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Despojado de mi último velo de ilusión -el poder de las ideas– contemplo con terror el “vacío”, pero todavía me aferro a la existencia, pues el solo hecho de vivir es lo único que me resta en el destrozado panorama del intelecto.- Nietzsche

El título de este ensayo quizá genere para el lector la idea confusa de que filosofar a través del martillo es la actividad humana de hacer un ejercicio reflexivo con violencia o con sangre, bajo la falsa idea de que el conocimiento con sangre entra. Sin embargo, esto no es así. A lo que se refiere el título, es a filosofar para recomponer, para reflexionar y transformar las ideas en aras de mejorar y de construir nuevas verdades. A esto Nietzsche le llamó “filosofar a martillazos.”

Suena irónico que Friederich Wilhelm Nietzsche no haya sido reconocido originalmente como filósofo, sino más bien como filólogo, es decir, alguien que estudia el sentido de los textos o dicho en otras palabras quien interpreta lo que el autor de una obra puso o quiso poner en ella. Sin embargo, al final de su vida, su obra cobra importancia dentro del campo de la filosofía a tal grado de ser, muchos años después, uno de los autores más influyentes en el mundo contemporáneo. Hoy día es imposible estudiar filosofía sin transitar por la fascinante obra de Nietzsche.

Nietzsche tuvo una vida azarosa, ya que quedó huérfano de padre a los 5 años y a los 25 ya era todo un catedrático en la Universidad de Basilea en Suiza. Enamorado de Lou Andreas Salomé, es mal correspondido al casarse ésta con un amigo cercano de Nietzsche; hecho que lo convierte en misógino empedernido el resto de su vida. Enfermo de sífilis muere en 1900. 

No es fácil entender las obras de Nietzsche, es posible que por los fuertes dolores que le provocaba su enfermedad (sífilis), le era difícil escribir en forma continua, sino más bien como una especie de aforismos. Aborda un tema en media o una cuartilla y lo desmenuza con tal fuerza que el lector para poder entender lo que el autor dice, tiene que leer una y otra vez. 

Pero una vez que se ha entendido el concepto, quien lo lee queda maravillado con ese ejercicio intelectual. Desentrañar lo que Friederich plantea no es cosa fácil, hay en él grandes aciertos pero también evidentes contradicciones casi en párrafos seguidos. Esto lo convierte en un autor fascinante. Es probable que quien lo lea por primera vez, sin tener elementos filosóficos previos en torno a sus posturas, no entienda nada. Absolutamente nada.

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