23 de Octubre de 2018

Opinión

¿Fin del sueño mexicano?

Nuestro estado ocupa el quinto lugar nacional con la tasa más alta de suicidios, si tomamos en cuenta que por cada 100 mil habitantes...

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Nuestro estado ocupa el quinto lugar nacional con la tasa más alta de suicidios, si tomamos en cuenta que por cada 100 mil habitantes, un 10.2 por ciento se quita la vida, algo así como 160 al año, sobre todo en la zona norte, pero también, aunque no con estadísticas tan sombrías, Othón P. Blanco le sigue en esa carrera de la muerte.

El rango de edades en que se presentan los suicidios, es de 20 a 24 años, siendo las personas de 59 años en adelante las que menos cometen suicidio, situación aún más preocupante, debido a que son los jóvenes quienes ocupan el primer lugar en esta negra estadística. 

Según datos oficiales, el mayor medio utilizado para suicidarse es el ahorcamiento y le siguen las armas de fuego, siendo las principales causas el disgusto familiar, problemas amorosos, dificultades económicas y alguna enfermedad grave. El alcoholismo y drogadicción no son una causa, sino un factor que contribuye para que la persona tome la decisión de suicidarse, además, quienes se suicidan, en todos los casos presentan signos de depresión. 

Debido a este gran porcentaje de gente que se suicida y la situación en la que se encuentra Quintana Roo, el Consejo Estatal de Población, junto con otras instituciones como el Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia, la Secretaría de Salud y la Secretaría de Educación y Cultura, iniciaron un estudio acerca de esta terrible problemática.

Pero otro dato estremecedor es el que tiene que ver con los intentos de suicidio, que en promedio cada año rondan la cifra de 500 personas, de las cuales más de una quinta parte terminan por consumarse, de modo que este asunto puede considerarse como un problema de salud pública.

Datos oficiales demuestran que la relación entre hombres y mujeres en intentos de suicidio está en proporción de tres a uno, es decir, por cada hombre hay tres mujeres que tratan de quitarse la vida; además, entre 30 y 40 por ciento de los casos están relacionados con el consumo de alcohol y drogas.

Y como señalamos, las personas se suicidan por problemas sentimentales, económicos o a causa de sufrir alguna enfermedad, aunque muchas de ellas se privan de la vida mientras están drogados o alcoholizados. 

Si analizamos las estadísticas, podremos observar que la mayoría de las personas que se suicidan vienen de otros estados del país, quienes al llegar a Quintana Roo buscan solucionar sus problemas económicos, pero muchas veces se enfrentan con un panorama opuesto al que visualizaban antes de abandonar sus lugares de origen.

¿Quiere esto decir que el sueño de miles de mexicanos al venir a Quintana Roo en busca de un mejor nivel de vida es ahora sólo un espejismo y en realidad, las condiciones en las que tienen que vivir, sobre todo en los destinos turísticos del norte del Estado, propician que la gente tome la determinación de privarse de la existencia? 

Una persona que labora en la industria hotelera, tiene que trabajar prácticamente todo el día, seis veces a la semana, ganando un salario que apenas le alcanza para mantener a su familia, pero además, casi no tiene tiempo para convivir con sus hijos, creándose así un conflicto humano complicado.

Bajo esta perspectiva, de poco o nada sirve trabajar todo el día si de todas formas no hay tiempo para atender a la familia, se tienen vacaciones una vez al año, el sueldo apenas cubre las necesidades básicas y por si fuera poco, en muchos casos viven en colonias con altos índices de inseguridad, violencia y criminalidad.

Si no ponemos atención a las causas socioeconómicas que provocan que la gente se suicide, no estaremos en condiciones de encontrar soluciones duraderas; las personas no deciden atentar contra lo más valioso que tienen, su propia vida, sólo porque un día se les ocurrió alcoholizarse y tomar la fatal determinación. 
Los factores que orillan a una persona a suicidarse están en su entorno familiar, laboral, cultural, económico e incluso personal.

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