20 de Septiembre de 2018

Opinión

Fiódor Dostoyevski explica por qué no funcionan los súper-equipos en la NBA

Se ha demostrado en el pasado que cuando se construye un equipo de súper-estrellas, los egos chocan...

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Spurs 129-100 Warriors. Ese fue el resultado final del tan esperado debut del “súper-equipo” en casa. Extraño. Mucho se puede acreditar a que es el primer partido de la temporada, que todavía no se conocen bien o que agarrarán ritmo conforme transcurra la campaña. Pero el partido concluyó con una sensación de mucha desilusión.

Tras finalizar el encuentro, me senté para seguir leyendo “Los hermanos Karamazov” y me topé con una frase que describe a la perfección por qué a través de la historia del basquetbol los súper-equipos no han funcionado: “Cada uno de nosotros es culpable ante todos y por todos. Pero los hombres lo ignoran. Si lo supieran, el mundo sería un paraíso”.

Así como en los Lakers de 1969, los Rockets de 1997, los Lakers de 2004 y el Heat del 2011, en este equipo de los Warriors hacen falta jugadores que saquen la basura. Que sean responsables ante todos y por todos. Se ha demostrado en el pasado que cuando se construye un equipo de súper-estrellas, los egos chocan, la química no siempre es correcta y hace falta gente que se faje, que no luzca en las portadas de los periódicos, pero que corra más que todos y que guie con el ejemplo.

Es muy divertido en los videojuegos juntar a los mejores jugadores para poder ganar absolutamente todo, pero en la realidad eso es solamente una idea utópica. Para un equipo que recién acababa de romper la marca de victorias histórica en temporada regular en la NBA y que cayó en el juego siete de las finales, ¿Realmente era necesario contratar a otra estrella y dejar ir a varios jugadores que siempre cumplían y sudaban la camiseta? No lo creo.

Será interesante ver cómo el entrenador Steve Kerr maneja este cúmulo de deportistas que son sin duda fuera de serie, porque si logra que todos se pongan el overol podríamos tener enfrente a uno de los mejores equipos de todos los tiempos. El problema es que al ser humano no le gusta hacer el trabajo sucio y menos compartir la portada de los diarios. 

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