Fragilidad y envejecimiento (2 de 2)

'Envejecer NO es sinónimo de enfermedad', a menos que descuidemos nuestra salud y abandonemos los buenos hábitos de vida.

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La semana pasada comentamos que la intervención ante el síndrome de la fragilidad se centra en dos frentes.

Prevenirlo, que depende de nosotros, mediante ejercicio físico diario, dieta baja en calorías y grasas, y rica en vitaminas y proteínas. Tomar agua suficiente es el mejor catalizador para el buen funcionamiento del organismo y, por las noches, descansar lo suficiente. En otras palabras: buenos estilos y hábitos de vida. 

Detectarlo, acudiendo al especialista, para ubicar y tratar adecuadamente y a tiempo síntomas –como los que vimos la semana pasada-, que puedan darse por este síndrome, y que nuestra calidad de vida no se vea impactada negativamente. 

Esta reducción de la capacidad interna del organismo, que hace más frágiles nuestros órganos y sistemas, es parte del proceso natural de envejecimiento. 

Tengamos muy presente: “Envejecer NO es sinónimo de enfermedad”, a menos que descuidemos nuestra salud y abandonemos los buenos hábitos de vida que, mucho hemos insistido, son el mejor medicamento para fortalecer nuestra fragilidad física e, inclusive, emocional.

Jovencitos, cuando empezamos a envejecer, podremos sentirnos cada día mejor, en la medida que vayamos aceptando que cada día que pasa podemos ser más frágiles.

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