25 de Septiembre de 2018

Opinión

Ganan retirados batalla por ascensos

Quienes cumplieron en sus jerarquías los años establecidos por la Ley del Issfam, podrán portar las insignias del grado inmediato.

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Lo que se inició en 2014 como inconformidad de un grupo de militares a quienes impidieron ostentar el grado inmediato al retirarse, se convirtió en una lucha en la que hasta quienes no fueron afectados se unieron a esas voces de las tres ramas de las fuerzas armadas.

Finalmente la batalla se ha ganado, y quienes cumplieron en sus jerarquías los años establecidos por la Ley del Issfam, podrán portar las insignias correspondientes al grado inmediato, pues si bien es importante cobrar el haber de retiro con este grado, también lo es ostentarlo, pues trae implícitas atenciones y consideraciones. Por ejemplo, los sargentos primeros que asciendan a subtenientes podrán portar armas, derecho que se otorga a partir de oficiales. 

Pero no fueron los secretarios de Defensa y de Marina quienes escucharon estas demandas justas, sino la autoridad civil. Hace una semana comenzó a difundirse la información de que, el 19 de febrero pasado, el Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito resolvió el amparo 1280/2014 a favor del general brigadier de caballería Salvador Martínez Villalobos, quien ahora podrá usar las insignias de general de brigada retirado. El Tribunal confirmó la sentencia, que había sido apelada por la Sedena.

El Tribunal argumentó en su fallo: “cuando el artículo 16 del Reglamento de la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas dispone que el ascenso al grado inmediato será únicamente para el cálculo y el otorgamiento del beneficio económico correspondiente, en realidad no está desarrollando, complementando o detallando lo dispuesto en el artículo 27 de esa ley, sino que va más allá toda vez que limita el beneficio de ascender al grado inmediato, cuando se pase a situación de retiro, solo para el cálculo y otorgamiento del beneficio económico, cuando, como ya se vio, conforme a la ley comprende todos los aspectos que pueden estar vinculados con los derechos y obligaciones que adquiere el militar en situación de retiro. Consecuentemente el artículo 16 del Reglamento de la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas viola el principio de subordinación jerárquica al restringir lo dispuesto por lo que señala el precepto 27 de dicha ley”.

La decisión es relevante, ya que abre la posibilidad de que otros inconformes (además de los que ya están amparados) puedan recurrir al Tribunal para que les haga valer sus derechos, echando abajo el artículo 16 del Reglamento de la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas (Issfam).

La pregunta es por qué la renuencia del alto mando castrense a permitir el ascenso a quienes se ganaron ese derecho sirviendo toda una vida a la sociedad y a la Patria en el Ejército o la Armada

Y es que en las fuerzas armadas portar un grado confiere poder -en el amplio y estricto sentido de la palabra-, indispensable para el ejercicio del mando; ya en retiro, es un derecho y un orgullo ganado a pulso. ¡Bienvenida, pues, la decisión de una autoridad civil en beneficio de los militares!

"Anexo "1"

A propósito de los ascensos, en mi columna del 14 de febrero de 2014, "Ascenso solo para efectos...", referí la siguiente anécdota:

 

El descenso de “El Toby”

Es tal la importancia de los grados en el Ejército y la Armada, que muchos esperan unos años más para tener derecho a retirarse con el inmediato. Particularmente cobran relevancia los ascensos a mayor (capitán de corbeta) y a general de brigada (contralmirante). 

Cuando recién la Marina abrió su escalafón al personal de Escala de Mar (formados desde tropa), la aspiración máxima era portar la estrella de capitanes de corbeta, y aspirar, para efectos de retiro, a la segunda de capitanes de fragata. 

Y va la anécdota: Por el año 1985, hubo en el Centro de Capacitación de la Armada (Cen-Cap), en Veracruz, un Teniente de Navío despensero apodado “El Toby” (realmente no recuerdo el nombre), apreciado por los mandos y, en especial por el entonces director a quien agasajaba con suculentos desayunos veracruzanos para sus frecuentes invitados.

Como es tradición, el 20 de noviembre de ese año se confirieron los ascensos y El Toby llegó al día siguiente luciendo uniforme, palas y gorra con laureles correspondiente a los capitanes de corbeta, pero poco le duró el gusto, algo pasó… no sé bien a bien si fue error o una broma que le jugaron, el caso es que días después El Toby volvió a lucir sus insignias de Teniente de Navío, aunque ya no lo vimos tan bonachón como siempre.

Seguramente El Toby se fue de retiro con su estrella, pero siempre recordará el mal rato que le hicieron pasar ese año del terremoto en México.

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