21 de Septiembre de 2018

Opinión

Gato maullador, nunca buen cazador

¡Qué caray! Todas las expectativas que generaron las regidoras Míriam Osnaya Sánchez y Gabriela Santana Duarte –particularmente ellas–, no fueron sino lo que la mayoría pensamos: parte de la estrategia para atraer los reflectores y saltar a un nuevo nivel del poder en el momento oportuno… para ellas.

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¡Qué caray! Todas las expectativas que generaron las regidoras Míriam Osnaya Sánchez y Gabriela Santana Duarte –particularmente ellas–, no fueron sino lo que la mayoría pensamos: parte de la estrategia para atraer los reflectores y saltar a un nuevo nivel del poder en el momento oportuno… para ellas. 

Y perdonen que nuevamente haya rayado en lo ingenuo, como cuando Carlos Mario Villanueva Tenorio resultó candidato a presidente municipal y yo le vi madera hasta de gobernador, porque en algún momento les creí. Imperdonable para un comunicador con un cuarto de siglo en el oficio, pero permisible para un ciudadano que todavía piensa que el hombre –el género humano, pues– guarda algún rasgo de probidad y de ética, aún inmerso en la política y los juegos del poder. 

Debo reconocer que Míriam y Gabriela vendieron muy bien a los ciudadanos esa imagen de redentoras de los desvalidos y de las causas justas, “sor juanitas de llavero” que, al fin y al cabo, fueron copartícipes por omisión de la quiebra en que está sumido el Ayuntamiento de Othón P. Blanco, las mismas que prometieron ajusticiar a los responsables de la bancarrota, todo ello tremenda faramalla, porque los únicos sacrificados ahí fueron los asalariados.

De todos es sabido que la mitad de los aviadores que llegaron con Carlos Mario y los que le heredó Andrés Florentino Ruiz Morcillo siguen cobrando en el Ayuntamiento. Los “ajusticiados” fueron esos que no aparecieron en la famosa lista (muy similar a la de Schindler, en aquélla película del ‘93) generada por cada director de área, con base en criterios bastante burdos, pero “palomeados” por el alcalde.

El ex tesorero Joel Sauri Galué me confesó en una entrevista que ninguno de los regidores othonenses dejó de cobrar su paga completa, tal y como sucedió con muchos de los empleados de confianza con cargos de mediano peso, a los que todavía se les adeudan compensaciones del año pasado.

Luego las sesiones de Cabildo, el pináculo de la puesta en escena, donde los concejales vestidos de Dolce & Gabbana o Gucci se burlaban públicamente de sus pares, porque aunque el atuendo y la desenvoltura fueran mucho más modestos, eran iguales en investidura. 

Qué triste espectáculo fue, al final, escuchar los requerimientos de un cuerpo colegiado al que los distintos directores de área prestaron oídos sordos, porque los plazos y las exigencias se los pasaron, dispense usted, por lo más pando.

¡Y mi cuatacho Alejandro Castillo Aguilar, el saltimbanqui de las galletas y el collar de ajos! Pienso que tantos años sin pisar un aula ya le trastocó el sentido de la realidad, porque eso de colocar un buzón de denuncia para luego censurar el contenido fue de lo más absurdo.

En verdad que no sé si en este trienio fueron todos indiferentes, insensatos o irresponsables, pero no recuerdo una administración municipal tan desordenada, incompetente y exhibicionista como esta.

De repente se me antojó realizar una amplia encuesta entre los othonenses, los de la zona rural y los citadinos, para conocer cómo recordarán el gobierno de Carlos Mario Villanueva Tenorio, pero de inmediato asumí que en realidad lo que los ciudadanos querrán hacer, será olvidar. El hecho es que la mitad de los regidores saltó del barco en legítima búsqueda de una mejor posición política, porque la ley les avala “tirar el arpa” para ir en pos de sus aspiraciones, aunque cientos de hogares de trabajadores municipales estén todavía a dieta de frijol, tortillas y chile habanero.

Ahora el escenario del municipio en quiebra, el trenecito, los animales del Payo Obispo Zoo, las transas, los engaños y tantas otros asuntos que dejaron pendientes quedarán para ellas en el pasado.

¿Será que nuestras heroínas de turrón repitan la receta en su próxima encomienda? Confieso que ambas llegaron a despertar mi admiración por su determinación e inteligencia. Lástima que el mundo sea así de liviano y codicioso.

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