20 de Julio de 2018

Opinión

Golpes de “martillos”

Ser miembro de una organización no garantiza que todos estén a tu favor...

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Ser miembro de una organización no garantiza que todos estén a tu favor, incluso, cuando menos te lo esperas pueden darte un golpe directo a la yugular. El pasado lunes, un taxista inició una huelga de hambre; ¿el motivo?: Pide le paguen todos los gastos médicos relacionados con un accidente que sufrió en 2009, y por el cual, ya no puede laborar como taxista.

Ya sea el sindicato o el taxista, quien tenga la razón, este caso dejó entrever una realidad muy cruda: El reclamante exige un pago señalando que el sindicato tiene la capacidad para solventar dicho gasto, ya que cada uno de los martillos entrega 30 pesos mensuales para un seguro de incapacidad o de defunción para el operador que en su momento lo necesite.

Fue ahí donde el jurídico del Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo” sacó a relucir una lista de faltas cometidas por el agraviado cuando estaba activo como operador. “Tú no fuiste un buen taxista, mira nada más, tienes 20 quejas interpuestas por diversos usuarios, desde un mal servicio hasta cobrar de más, así que cómo esperar que se te pague si no trabajaste bien”.

Quiere decir que las quejas que un usuario de taxi interpone no son para suspender o multar a los operadores, esperando que el servicio mejore, sino para utilizarlas en contra de aquellos que quieran obtener dinero del sindicato.

Esto sale a relucir cuando hace algunas semanas se discutía un posible aumento de cinco pesos en la tarifa base del servicio, para dejarla en 30 pesos, cobro que ya realizan todos los taxistas desde el año pasado, bueno, no todos, hay algunos que por transportarte a lo largo de tres supermanzanas quieren que se les pague 35 pesos.

Adela se dedica al diseño gráfico, y en ocasiones termina su jornada laboral a la medianoche, por lo que necesita de un taxi para llegar pronto a la casa de sus padres, donde recoge a su hija menor. Esto le ha permitido detectar que sólo uno de 10 le da un buen servicio.

El último de los malos servicios se lo dio el taxi 1606; este venía vacío, ella subió a la parte posterior por seguridad, ya que al ir adelante se arriesga a que algún vándalo suba y la amague desde el asiento trasero. Tan sólo avanzó cuadra y media cuando el taxista le reclamó: Por qué se sube atrás, no ve que así no puedo dar más ‘aventones’; bájese y súbase al frente. Indignada se bajó, sólo azotó la puerta y vio cómo el taxista se fue ofendido. 

Los malos servicios que dan algunos taxistas les rebotan en los peores momentos; mientras que las quejas de los usuarios no son para mejorar el servicio, sino para que el sindicato tenga armas contra sus propios agremiados.

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