24 de Septiembre de 2018

Opinión

Guaruras, ayudantes y lealtad

En discreción le fallaron a Granier Melo sus ayudantes, pero hay que reconocer que él motivó esa situación al departir con quienes no debía.

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El hilo que desenredó la madeja del caso del ex gobernador de Tabasco Andrés Granier Melo es, en nuestra opinión, la conversación filtrada a mediados de mayo pasado, en la que hace ostentación de su guardarropa y de otros detalles de su vida con sus ayudantes, o guaruras.

Si bien ya había una denuncia presentada por su sucesor, es aquella charla “pasado de copas” con quienes debieron guardarle atenciones y, sobre todo, lealtad, lo que motivó que el político priista esté ahora en la picota. La grabación y filtración a los medios la hizo alguien que estuvo en esa plática.

Casi todos los funcionarios emplean guardaespaldas (ayudantes es el eufemismo que se usa en el ámbito militar), pero a diferencia de los civiles, en las fuerzas armadas esos hombres y mujeres a quienes vemos detrás o a un lado del presidente o de los secretarios de Defensa o Marina tienen un alto grado de entrenamiento y, lo que es más importante, una discreción a toda prueba.

Y si la capacidad y la discreción deben ser condiciones sine qua non para ser ayudante, asistente o guarura, la cualidad más preciada debe ser la lealtad, término que engloba a todas las demás. 

En eso le fallaron sus ayudantes a Granier Melo, pero hay que reconocer que él motivó esa situación al departir con quienes  no debía, porque, como dijera un almirante: “Hasta en el cielo hay jerarquías”. Está bien que se emborrache, pero no con sus empleados. 

Una definición de lealtad dice que es la rectitud moral que debe iluminar todos los actos del militar para con su institución, superiores y camaradas de armas. En la práctica es el comportamiento recíproco que se deben ambas partes que comparten principios de honor. 

Difícil de cumplir, pero la lealtad paga y paga bien. Esto lo sabe el actual secretario de Marina, Vidal Francisco Soberón Sanz, quien fue jefe de ayudantes y secretario particular de sus antecesores, cargo que heredó.

Soberón Sanz ha dicho que la lealtad es lo más importante en la vida, sin ella uno no vale nada, y que la traición es un acto de cobardía.

“Anexo 1”

La lealtad se diferencia claramente de los actos de simple amistad, porque es una virtud profunda, dirigida hacia un jefe o subalterno que retribuye de la misma manera, todo lo anterior enmarcado en relación de mando y obediencia.

Déjenme terminar con la siguiente historia escrita por Walter MacPeek, que refleja en toda su magnitud la virtud de la lealtad, y si bien el relato se da en el frente de batalla, es ilustrativo:

“Uno de dos amigos que combatían en la misma compañía, en Francia, cayó abatido por una bala enemiga. El que escapó pidió autorización a su oficial para recobrar a su compañero.

Tal vez esté muerto, dijo el oficial, y no tiene sentido que arriesgues la vida para traer el cadáver.

Pero ante las súplicas, el oficial accedió. Cuando el soldado regresó a las propias líneas con su compañero sobre los hombros, el herido falleció.

¡Ves!, dijo el oficial. Arriesgaste la vida por nada.

No, respondió el soldado, hice lo que él esperaba de mí, y obtuve mi recompensa. Cuando me acerqué y lo alcé en mis brazos, me dijo: “Amigo, sabía que vendrías, presentía que vendrías”.

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