21 de Octubre de 2018

Opinión

Guayabera

Se convierte en un producto de exportación ante el impulso del presidente Luis Echeverría Álvarez.

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He escuchado varias veces la propuesta de que habría que solicitar la denominación de origen para la guayabera y así protegerla de la competencia que representa su fabricación en China o en cualquier otro país.

En 2008, el entonces senador yucateco Lic. Cleominio Zoreda Novelo propuso en el Senado de la República un punto de acuerdo para exhortar al Ejecutivo a otorgar esa protección a los artesanos e industriales yucatecos que elaboran la popular prenda. Posteriormente se realizó la solicitud formal ante el IMPI (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial), organismo que en su momento resolvió que era imposible otorgar dicha denominación a la guayabera yucateca, lo que motivó más recientemente al Ejecutivo estatal a cargo del Lic. Rolando Zapata Bello a emitir un decreto que institucionalizara el día 21 de marzo como el Día de la Guayabera, para fomentar su uso.

El tema de la protección a la propiedad industrial proviene del Convenio de París que data de 1883 y de un arreglo particular realizado en virtud de su Artículo 19, que trata específicamente de la Protección a las Denominaciones de Origen y su Registro Internacional, llamado el Arreglo de Lisboa y adoptado en 1958.

El Arreglo de Lisboa define la Denominación de Origen como “la denominación geográfica de un país, de una región o de una localidad que sirva para designar un producto originario del mismo y cuya calidad o características se deben exclusiva o esencialmente al medio geográfico, comprendidos los factores naturales y los factores humanos”.

Ante esta definición, resulta comprensible que el IMPI haya negado la protección, ya que casi todas las versiones e hipótesis coinciden en señalar que el origen de la guayabera se ubica en el municipio de Sancti Spíritus en la región central de Cuba, a principios del siglo XVIII. Además, los propios fabricantes y artesanos, para destacar sus modelos de guayaberas más lujosos y de mejor calidad, señalan como una ventaja competitiva el que estén elaboradas con “lino japonés” o “irlandés”, y aun si esto se tratara únicamente de un ardid publicitario, lo cierto es que ningún tipo de tela es producido en Yucatán, de modo que el medio geográfico difícilmente pueda ligarse como el exclusivo o esencialmente responsable de la calidad y características de la prenda.

Se atribuye a don Pedro Mercader Guasch haber introducido la guayabera a Yucatán a finales del siglo XIX e iniciar su fabricación con algunas variantes y mejoras al diseño cubano. Al tomar Fidel Castro el poder en Cuba en la década de los sesentas, varios empresarios yucatecos deciden fabricarlas ante la demanda existente, que crece considerablemente en los siguientes veinte años. Se convierte en un producto de exportación ante el impulso del presidente Luis Echeverría Álvarez, quien usaba guayabera en sus giras tanto en México como en el extranjero.

Como antes señalé, la Denominación de Origen no tiene el poder de aumentar la calidad o de conseguir reputación para un producto, eso es responsabilidad exclusiva del fabricante, sus proveedores y colaboradores. Y si esto se logra de manera colectiva, el beneficio también lo será.

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