15 de Diciembre de 2017

Opinión

Guerra Santa al normalismo

La educación inicial ya no es únicamente responsabilidad de las normales, lo es también, a partir de la reforma, de las universidades.

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Apenas arrancaron las vacaciones de primavera, cuando el secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer, le echó más leña a la lumbre al declarar que 'terminó el monopolio de las normales como semilleros de maestros, pues a partir del presente año cualquiera que tenga una licenciatura distinta a la docencia podrá concursar por una plaza. La educación inicial ya no es únicamente responsabilidad de las normales, lo es también, a partir de la reforma, de las universidades. Hoy, cualquiera que tenga un título de licenciatura se puede presentar al examen para ser maestro, y si obtiene el puntaje adecuado, puede ser maestro'.

El estruendo causado por los tambores de guerra del 'jefe Nuño' pronto enfureció al magisterio  que lo tomó como una burla, una ofensiva declaración de racismo contra el normalismo mexicano que lleva una tradición de más de 128 años formando maestros de vocación. Muchas han sido las voces que condenan abiertamente a las escuelas normales y sus planes de estudio, entre ellos: Simón Iván Villar Martínez, secretario de Educación en el Estado de México, que afirmó: 'Hace falta capacitar a los docentes para que logren impartir a los alumnos el conocimiento, muchas de las deficiencias son resultado de la mala preparación en las normales'. Igual se expresa la organización Mexicanos Primero que califica la formación docente como desenfocada del aprendizaje, se valora más el diploma que el conocimiento. Tal vez tengan razón, pero no es culpa de las normales, sino de las políticas educativas vertidas desde un escritorio por alguien que no es maestro.

Aquí en el terruño nos sentimos orgullosos de ilustres maestros como: Ignacio Manuel Altamirano, Rodolfo Menéndez de la Peña, Rita Cetina, Gabino Barreda, Consuelo Zavala, Manuel Alcalá Martín, Pablo Moreno Triay, Rafael Ramírez. Fue precisamente a iniciativa de don Antonio Betancourt Pérez cuando, en 1971, se fundó la Normal Superior y abrió la enseñanza normal a los universitarios dotándolos de la carga pedagógica indispensable para cualquier maestro. Hoy ¿quién necesitará Didáctica, Ciencia de la Educación, Psicotécnica de la Pedagogía, Psicología del Aprendizaje? No serán necesarios los instrumentos de evaluación, los planes de clase, tal parece que ahora cualquiera puede educar y formar a los niños y jóvenes, sólo basta aprobar con suerte un examen. ¿Será esta la mejora educativa o bien las pinceladas de un discurso trivial de sexenio? Ojalá pronto pase esta pesadilla.

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