19 de Julio de 2018

Opinión

Guetos infantiles

Es triste y lamentable que un país como los Estados Unidos adopte la criminal práctica de instalar en su frontera con México campos de tránsito de las deportaciones para repatriar a los menores a sus países de origen.

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Muy alarmante se ha vuelto la crisis migratoria de menores sin acompañante en la zona fronteriza con Texas, pues las oleadas de niños y niñas centroamericanos y mexicanos que huyen del crimen organizado o bien buscan reunirse con sus padres radicados en los E.U. cada día suman miles y se calcula que unos 20 mil serán atrapados y deportados, en tanto unos cuantos lograrán su objetivo y otra cantidad incalculable tendrá una suerte diferente en manos de los grupos delictivos o el agreste desierto.

Para todos ellos no hay esperanza ni sueños, ya que, en caso de ser capturados por los agentes de la Patrulla Fronteriza, serán confinados en pequeños campos que nos recuerdan a los guetos de la Alemania Nazi durante el Holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial.

Es triste y lamentable que un país como los Estados Unidos adopte la criminal práctica de instalar en su frontera con México campos de tránsito de las deportaciones para repatriar a los menores a sus países de origen.

Las evidencias gráficas del trato inhumano que los menores reciben en dichas instalaciones se quedan cortas con los testimonios orales de hostigamiento y maltrato que los menores reciben.

Aunque varias organizaciones civiles y gubernamentales de los E.U. y México, entre las que se encuentran: Appleseed, el William and Wilberforce Trafficking Victims Protection and Reauthorization Act de Estados Unidos, la división de Servicios para Menores No Acompañados del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, la Cruz Roja, el Instituto Nacional de Migración, el DIF y la CNDH, han atendido desde sus inicios este fenómeno migratorio, todas se han visto rebasadas en sus capacidades y acciones para hallarle solución a este fenómeno.

Si bien es un delito federal entrar ilegalmente al territorio norteamericano, aunque el fin sea buscar una vida digna, pensemos también, antes de deportarlos, en los motivos que los llevaron a cruzar la frontera, ya que son altamente vulnerables, puesto que todos ellos corren el riesgo de caer en manos del crimen  organizado, sufrir maltratos físicos, abusos sexuales, ser víctimas de trata, trabajar como vendedores ambulantes, cargar bultos de drogas o recoger basura en jornadas laborales esclavizantes. Y miles más terminarán como desconocidos en una fosa común.

Urge un esfuerzo conjunto de todos, el niño también tiene derechos y merece un trato preferencial para su desarrollo.

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