27 de Mayo de 2018

Opinión

'Guiarse con el corazón'

El aprender a externar nuestros sentimientos y ofrecer nuestro corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, se regala.

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¿Acuántos matrimonios se nos estará acabando el vino? “Ese vino de las delicadezas, de las pequeñas pero indispensables muestras de cariño, de las atenciones, de educación. El vino de la ilusión de estar juntos, de salir juntos, de divertirnos juntos, de soñar y de hacer planes juntos. El vino del sacrificio para no buscar cada uno su comodidad, sino la comodidad del otro. El vino del interés sincero por lo que el otro piensa, siente, anhela, quiere le gusta o le molesta. El vino de la conversación, lo que nos ha llevado a ya no tener nada de que hablar”. Sería bueno acudir con Jesús y decirle que haga otro milagro en nuestros matrimonios pues ¡ya se nos agotó el vino del amor!.

Tenemos que entender que el amor en el matrimonio no muere por causas naturales. Muere por negligencia y abandono. Esa negligencia en dejar de ser novios y volvernos solucionadores de problemas en el hogar. En dejar en el abandono nuestro amor, al no actualizarlo y acrecentarlo. Así es, la negligencia en no hacer cambios al amor y abandonarlo en el olvido.

¿Cuándo le dijimos a nuestra pareja que la amamos? Tal vez hace 20 o 25 años, cuando le prometimos amor en el altar. El amor muere en los matrimonios por ceguera e indiferencia, y porque se da todo por sentado. Esa ceguera de no ver el valor que tenemos en nuestra pareja, y esa terrible indiferencia en olvidarnos de lo más importante que tenemos que es nuestra pareja.

Hemos dejado que la rutina y la monotonía desgasten nuestro hogar, y no nos hemos dado cuenta que las omisiones son generalmente más graves, que los errores cometidos, porque al final de nuestros días se nos va a juzgar por la omisiones cometidas: ese amor que no dimos, esa palabra amable que callamos, esa sonrisa que no le obsequiamos a nuestra pareja. Dios nos va a juzgar por todas esas omisiones que silenció nuestro egoísmo.

El amor también muere de cansancio, porque no se le alimenta. No dejamos de amar así porque sí, del mismo modo que no nos enamoramos así porque sí. Cuando el amor muere es porque uno o ambos esposos lo descuidaron, no lo avivaron ni renovaron. Como cualquier otro ser viviente, el amor requiere del esfuerzo para mantenerse sano.

Hay muchas maneras para que no muera nuestro amor, pero la más importante es guiarse con el corazón. No se ve bien, sino con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos. Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón.

El aprender a externar nuestros sentimientos y ofrecer nuestro corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, se regala. Si la razón hace al hombre, el sentimiento le conduce. Por muy lejos que el espíritu vaya, nunca irá más lejos que el corazón.

Hoy es un buen día para aprender que el verdadero ser humano se guía por los grandes sentimientos del amor. Dejemos externar todo el amor que está en nuestro ser, y ofrezcamos nuestro corazón a la pareja amada practicando el diálogo, ofreciendo el respeto y manifestando nuestro amor.

Cuando veamos que nuestra relación se empieza a deteriorar, podemos ofrecer la siguiente frase para reactivar nuestro amor: “Yo te amo no sólo por lo que has hecho de ti, sino por lo que has hecho de mí. Yo te amo, no solamente por lo que eres, sino por lo que soy cuando estoy contigo".

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