17 de Enero de 2018

Opinión

Habemus papam

Algunos alzaron la voz para recordarle a su país que Jorge Bergoglio tiene un pasado de cercanía con la dictadura y es odiado por los Kirchner.

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A quien consideró al Vaticano capaz de seguir la tradición europea, el Espíritu Santo le hizo descubrir con encanto que sí conoce otros continentes.

Humo negro y no por un papa de color, humo rosa por la participación femenina en  los ministerios –protestada en el Vaticano– y, al final, la fumata blanca recibió al latinoamericano más italiano que pudieron encontrar (por su ascendencia) para ser el primer pontífice del continente más católico.

La alegría no se hizo esperar y, para la más legionaria y grata sorpresa, por primera vez un jesuita ocupa el trono de San Pedro.

Hicieron a los argentinos más argentinos con la noticia de que el nuevo papa es originario del Fin del Mundo y algunos alzaron la voz para recordarle a su país que Jorge Bergoglio tiene un pasado de cercanía con la dictadura y es odiado por los Kirchner.

Pero Francisco I ya no se llama Jorge y deberá perder el perfil bajo, ganado por esconderse de los medios, renunciar a lo estridente: vivir en un departamento sencillo en Buenos Aires y desplazarse en el metro como lo hace cualquier ciudadano.

Deberá, también, honrar el apellido de progresista que le han adjudicado algunos medios, pese a su fuerte oposición al aborto y al matrimonio entre homosexuales.

Sin embargo, es una de las figuras más importantes del catolicismo americano, lo querían desde antes de Ratzinger, es carismático y no tiene vínculos con pederastas… probablemente mucho más de lo que se necesita para ser papa en estos tiempos.

Se presentó lleno de energía para sus 76 años, con más aire en un pulmón (perdió el otro por una enfermedad respiratoria) que lo que muchos tendrían en dos, prometiendo un símil con Juan Pablo II.

El mundo católico esperó 1,272 años para tener otro papa no europeo, pues como dio a conocer una investigación del Washington Post, la historia de esta Iglesia, sobre todo en los tiempos del Imperio Romano, cuenta con papas nacidos en lo que hoy es Israel, Turquía, Siria y el norte de África.

Habemus papam y la Iglesia Católica con esta elección parece querer cautivar en una época que no es suya, atrapar a una juventud que no agenda misas. Habemus papam y que recen por él, como él mismo pidió, pues necesitará ser –y con urgencia– otro Juan Pablo II.M

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