12 de Diciembre de 2017

Opinión

El hábito no hace al monje

La marihuana, en México, y quizá en todo el mundo, se ha estigmatizado a quienes la consumen como drogadictos y buenos para nada, pero en realidad es una planta medicinal que tiene muchos usos.

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¿Usted ha fumado o usado marihuana? Si lo ha hecho, estoy segura que pocas veces lo ha admitido en público. En México, y quizá en todo el mundo, se ha estigmatizado a quienes la consumen como drogadictos, mugrosos y buenos para nada, pero en realidad es una planta medicinal que tiene muchos usos, más allá de fumarla como droga recreativa.

Por ejemplo, hay muchos estudios que demuestran que es terapéutica en tratamientos contra el cáncer, ya que minimiza los efectos de las quimioterapias. En nuestra tradición herbolaria se usa mucho en remedios para la reuma, de hecho yo recuerdo que mi abuelita usaba un menjurje que le preparaba el curandero de la comunidad, que estaba en botellas de vidrio, como de vino de mesa, y el ingrediente estrella era justamente la marihuana. Y nadie criticaba a quienes lo usaban, porque era un remedio para la salud, y por supuesto nadie pensaba que el curandero era un traficante de drogas.

Saco el tema porque el presidente Peña Nieto sorprendió a todos al presentar una propuesta para aumentar el límite de consumo personal, de 5 a 28 gramos, lo que contribuirá a desestigmatizar a quienes la consumen; y también autorizar su uso médico y científico. Esto no significa que está abriendo la puerta a los narcos para que sigan con su negocio, porque la comercialización aún está penada, pero sí significa un gran avance para casos como el de la niña Grace, de Monterrey, que necesita un medicamento con marihuana para calmar sus padecimientos. 

Es un tema para discutir y analizar, pero sobre todo que nos sirve para aprender y educar a quienes nos rodean, buscando la prevención de adicciones y una vida  plena y feliz. Es algo que existe en nuestro mundo y con lo que tenemos que aprender a lidiar. Hasta cierto punto, puede que sea un tema de actitud. 

Y en ese sentido, ya que hablamos de la actitud, en días pasados surgió en Twitter la etiqueta #MiPrimerAcoso, en la que las mujeres de todas las edades describían la primera vez que se sintieron acosadas.

Es muy triste leer las experiencias que ahí se compartieron, la mayoría a muy temprana edad. Lo más triste es darnos cuenta que es algo tan común que nos hemos acostumbrado a eso. Yo, por ejemplo, no recuerdo cuál fue mi primer acoso. No lo quiero agobiar con historias tristes, lo invito a que busque la etiqueta en Twitter y lea todas las experiencias. Y después piense que seguramente su mamá, esposa, hermanas, hijas, amigas, primas tienen también historias similares para contar.

Y si piensa que usted nunca sería capaz de acosar a nadie, piense y reflexione en todas las veces que ha visto a una mujer o un hombre que le gusta y todas las cosas que le ha dicho, cómo la o lo ha visto y qué gestos le ha hecho para que le haga caso o simplemente lo voltee a ver. Y luego por favor no lo vuelva a hacer.

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