22 de Septiembre de 2018

Opinión

Haciendo otra historia

Se termina el duelo cuando se es capaz de recordar a quien ya no está, sin que duela tanto. Que no duela no quiere decir que se ha olvidado.

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Todos nos recuperamos de la pérdida, en tiempos diferentes.-  Elizabeth Kûbler-Ross, psiquiatra                                       

Cuando un ser querido muere, su ausencia duele y todo nos lo recuerda; hay una inquietud constante y nos formulamos muchas preguntas que no tienen respuesta; el coraje se hace presente en forma de reclamo culpando al médico, al mal servicio hospitalario, a uno mismo, en fin, hasta a Dios por no haber podido “salvarle” de la muerte. 

Pasamos por varias etapas antes de asimilar la ausencia de quien se ha ido. Se dice que la aceptación de una pérdida es cuando se piensa y siente gratitud por el tiempo compartido y que es mejor extrañar que no haber tenido el privilegio de convivir un tramo del camino de la vida. 

Se termina el duelo cuando se es capaz de recordar a quien ya no está, sin que duela tanto. Que no duela no quiere decir que se ha olvidado. El recuerdo se agudiza en ciertas fechas como: cumpleaños, aniversario de novios, de boda, Navidad, Año Nuevo, etc., también al volver a lugares que frecuentamos; al oír canciones y melodías que disfrutamos juntos… se revive la historia, se sensibiliza la cicatriz y extrañamos intensamente a la persona ausente. 

No hay un tiempo establecido para “volver a vivir”, es decir, para incorporarse a la vida con nuevos proyectos, emociones y sueños. Hay tantas circunstancias diferentes en cada caso que es imposible predecir tiempos para elaborar la realidad del ¡NUNCA MÁS!. Proseguir la misma historia sin el personaje favorito es imposible. Hay que empezar una nueva historia. 
Quizá sea buena idea buscar ayuda; a veces, es vital que alguien nos acompañe en el proceso de reencontrar “el sabor de la vida” y nos sugiera evitar el tormento de quedarse en terrenos dolorosos por una falsa lealtad; repasar álbumes con fotografías, dejar las cosas donde él o ella las tenían y verlas todos los días. Eso es masoquismo. 

La realidad es que NADA ES IGUAL QUE ANTES. Es diferente. La vida continúa y los que nos quedamos estamos vivos y como dice una viejísima canción: “… échale 5 al piano, y que siga… la vida”, que por cierto es infinita y continúa fluyendo de mil maneras.  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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