22 de Septiembre de 2018

Opinión

Hay que hablar por escrito

"Yo demoro seis meses en armar un discurso que se lee en 45 minutos y que parece que estuviera improvisado”, decía el gran Nicanor Parra.

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El 23 de abril de 2012, en la Universidad de Alcalá de Henares, Cristóbal Ugarte, nieto del celebérrimo anti poeta Nicanor Parra, el gran “Nica”, recibió a nombre de su abuelo -quien a sus 97 años no quiso embarcarse en un avión-, el Premio Cervantes de literatura, considerado el Nobel de las letras españolas. 
 
La entrega había despertado gran expectación, pues cercanos al poeta informaban que desde que recibió la noticia, éste se había hundido en el Quijote para preparar el discurso de recepción, como si lo fuera a leer personalmente, engrosando un voluminoso cuaderno de notas. Se especulaba que el discurso podría encaminarse por la relación intercambiable entre el Shakespeare que tanto ha influido en el poeta y Cervantes, no menos importante. Ya en 2001, después de recibir el Premio Reina Sofía, había dicho: “En el inicio de El Quijote está toda la literatura en español”.  “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”, contiene un octosílabo y un endecasílabo: “La poesía popular y la clásica”, nos dice Parra. 
 
La otra vena del discurso era muy probablemente la quema de los libros del Quijote para salvar al caballero de la triste figura de sus delirios, narrada en el capítulo sexto de la obra. El cura y el barbero encargados del psiquiátrico auto de fe dudan al hacer el “donoso y grande escrutinio” de los libros, poniendo a salvo varias obras.
 
Parra ha recibido casi todos los premios imaginables, menos el Nobel, para el que ha sido postulado en varias ocasiones, como Borges, quien tampoco lo recibió y que una vez declaró que era “propenso” a él.
 
El prometido discurso no llegó. En vez de ello, se leyó una antología de su poesía y una promesa: “…mi abuelo me ha encargado que pida prórroga de mínimo un año, del 23 de abril del año 2012 al 23 de abril de 2013, para así poder pergeñar un discurso medianamente plausible”. Y cita palabras del escritor: “He llegado a la siguiente conclusión: hay que hablar por escrito. Yo demoro seis meses en armar un discurso que se lee en 45 minutos y que parece que estuviera improvisado”, para luego comentar que le dijo unas horas antes: “Don Quijote no cabe en un fin de semana”. Dejó a su abuelo rodeado de versiones y estudios del Quijote y algunos tomos de su biblioteca, seguramente salvados del fuego para que él les diera una nueva mirada.
 
Nosotros, mordiendo el anzuelo, tratamos de imaginarnos el prometido discurso, que no necesariamente nos será revelado. Aunque, tal vez, las claves estén en los anti poemas leídos en la premiación: ¿Esperaba este premio? / No / Los premios son / Como las Dulcineas del Toboso / Mientras + pensamos en ellas / + lejanas / + sordas / + enigmáticas / Los premios son para los espíritus libres / Y para los amigos del jurado / Chanfle / No contaban con mi astucia.
 
Y sobre todo en el que fue leído al final: ¿Se considera ud. acreedor al premio cervantes? / - Claro que sí. / - Por qué / - X un libro que estoy X escribir”.

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