17 de Noviembre de 2018

Opinión

Hetsmek’

Fui testigo de una ceremonia de Hetsmek’ realizada al pequeño Fabián. Abuelos, padrinos y amigos se dieron cita para entregar simbólicamente una serie de elementos que acompañarán la pequeña vida que hoy se celebra.

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Gracias a la gentileza de Margarita Noh, asistí a una ceremonia de Hetsmek’, en el Centro Comunitario “Noj Naj” conformado por la asociación civil “Misioneros, A.C.” Ubicada en Chacsinkín, esta asociación trabaja en la preservación de las semillas y los derechos indígenas.

Margarita habla de ciclos, de la semilla sagrada y la continuidad de los ritos. Su palabra me convocó a ser testigo de la ceremonia realizada al pequeño Fabián. Abuelos, padrinos, comunidad y amigos se dieron cita para entregar simbólicamente una serie de elementos que acompañarán la pequeña vida que hoy se celebra.

Confieso que me conmoví. Una energía va creciendo a partir de las palabras y el rito, ese que muchos ven como algo rígido y solemne, pero aquí, como siempre entre los mayas, es realizado como un hecho cotidiano, donde de pronto alguien no sabe qué decir y lo confiesa a mitad del camino, donde quien lleva la ceremonia pide a alguno de los asistentes que ponga un celular en la mesa, como símbolo de comunicación y en la mesa vemos  un calabazo, una jícara con chaya, una coa, una maraca y un teléfono “touch” junto a los elementos tradicionales. 

¿Cómo no conmoverse al escuchar las palabras que convocan el buen crecimiento del niño? Cuando el niño es entregado al corazón del cielo y al corazón de la tierra. Cuando le ponen hilo y aguja para que aprenda a costurar las cosas que se rasgan.

“Porque ahora sólo cortamos y pegamos, no sabemos componer lo que hemos roto”. Una tijera que le servirá para cortar las cosas que le hacen daño. Un bate de beisbolista, una cuchara de albañil, unas llaves y una serie de elementos que deberán interpretar su valor simbólico en la voz de sus padrinos.

Después, 13 vueltas a la derecha y 13 vueltas a la izquierda, mientras todos comemos pepita y lanzamos la cáscara al niño para simbolizar la semilla que crece: una danza de manos que lanzan buenos deseos a su vida. 

Creo en la bondad de las palabras que se lanzan al viento, me gusta saber que los mayas hacían caminos para ir y regresar por ellos, creo que un niño crecerá amado por su lugar de origen si en sus primeros meses un grupo de personas se reúnen a pedirle al corazón del cielo y al corazón de la tierra que se abran para recibirlo.

Escondí algunas lágrimas en la entrañable ceremonia, lo que no puedo esconder es mi deseo de que más niñas y niños sean recibidos con palabras plenas de amor  y ceremonias que ayuden a su corazón a crecer sensible en este maravilloso Yucatán que les vio nacer.

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