24 de Junio de 2018

Opinión

Holanda, bella y legal

No es difícil darse cuenta cómo los holandeses se respetan entre ellos y las normas que rigen lo que ahí está permitido.

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Como parte de mi recorrido estaba ese lugar famoso por sus bicicletas, sus canales, sus puentes y sus tulipanes… Llegué a Holanda, un país bellísimo.  La gente es de mente muy abierta y tolerante, saben cómo disfrutar su libertad.

No es difícil darse cuenta cómo los holandeses se respetan entre ellos y las normas que rigen lo que ahí está permitido. Esta apertura la han usado a su favor, no es casualidad que sus cárceles estén vacías, aunque parezca difícil de creer están cerrando las prisiones.  Son personas muy simulares, no se notan grandes diferencias económicas entre unos y otros. No sé si se deba a la gran variedad de apoyos y subsidios que el gobierno otorga por igual.

Sus calles huelen a marihuana. En todo el país es legal el consumo de drogas suaves, de hecho, en lugares como Ámsterdam es de lo más cotidiano ver a la gente fumándola. La restricción es: no se puede producir, poseer o comerciar; sólo la marihuana sí puede ser comprada y consumida en los coffee shops o cafeterías, que después del 2012 sólo están abiertas para ciudadanos o extranjeros residentes en ese país. No para turistas.

Esta política holandesa de consumo legal la diseñó el gobierno como una estrategia para regular lo inmoderado, así le ponen frenos a la delincuencia y se dedican a perseguir a los delincuentes de verdad.

Es un mecanismo que a Holanda le ha resultado exitoso, no sólo porque recaba impuestos y ahorra recursos que iban destinados a las  leyes de prohibición, sino porque hoy son un país seguro.

A diferencia de lo que se podría pensar, la cantidad de consumidores no es superior a la de otros países, y el número de muertes relacionadas con consumo de drogas es la más baja del continente europeo.  Muy a tiempo se dieron cuenta de que el enfoque punitivo fracasaría; como le sucedió a Latinoamérica, en donde hemos pagado un costo económico y humano muy alto. 

En análisis sobre de las implicaciones sociales y de salud que se derivarían acerca de la legalización de la droga en México, no hay que perder de vista que el problema no es la droga, sino la responsabilidad social del consumidor. El caso holandés es un buen ejemplo.

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