20 de Noviembre de 2018

Opinión

Iconografías del dolor

Vivimos tiempos sin duelo, no sólo por las víctimas del narco y de la corrupción, sino también por la insensibilidad política que ante las tragedias que dejan los fenómenos naturales prefiere echar cemento sobre los cuerpos aparecidos.

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“Cuerpos sin duelo” es un libro que a decir de sus presentadores “quema las manos”. Yo diría que también los ojos y el alma. Cinco años de exhaustiva investigación bajo la mirada de Ileana Diéguez arrojan este material indispensable para los creadores escénicos. En este documento está el aliento vital de una mujer que, como Orfeo, desciende a todos los infiernos para salvar el amor fraternal tantas veces desangrado en este país en el que es tan fácil perder la cabeza o aparecer en la nota roja del día.

Tan es así, que, en el transcurso de la escritura del libro, Ileana reescribió muchas veces las cifras de los muertos que aparecían.  Tristemente las cifras aumentaban. No sé cómo una mujer tan sensible como Ileana pudo reunir este material sin quebrarse, lo poco que la conozco me hace consciente de su capacidad empática, que la lleva a construir desde las cenizas de los cuerpos o, peor, desde su ausencia.

Creo que el secreto para la conclusión del libro estuvo en  la cercanía y apoyo de Gabriela Halac, gestora, investigadora, mujer de teatro pues, que en sus visitas a México suele compartir lúcidas críticas al teatro mexicano. 

Editado por DocumentA/Escénicas, “Cuerpos sin duelo” es un viaje por el dolor y la purificación que el arte hace de ello. Los artistas que saben poner los ojos donde la justicia ha estado ciega nos limpian la mirada y nos hacen pensar. Recomiendo este libro ampliamente.

Vivimos tiempos sin duelo, no sólo por las víctimas del narco y de la corrupción, sino también por la insensibilidad política que ante las tragedias que dejan los fenómenos naturales prefiere echar cemento sobre los cuerpos aparecidos antes que investigar su nombre y ponerles a descansar en un lugar donde puedan llorarles.

Me hace pensar que el texto “Hacer la tumba”, de Daniel Serrano, es también importante que no debe pasar desapercibida, quizá nos falta unir caminos, encuentros, obras con esa fuerza avasalladora que no hacen justicia pero hacen ruido, un ruido que algún día no dejará dormir a los impunes. No sé cómo puede llamarse artista alguien que no puede para conseguir el libro o la obra que habrá de despertarle de la agonía que viste la mediocridad.

¿Cuántos de nosotros leemos materiales relativos a nuestro oficio?

Leer no sólo porque otros lo digan, sino porque es vital, incluso para los muertos, lo confirmo en este libro y celebro las letras de Ileana, la visión de Gabriela y la dramaturgia de mi hermano Daniel. Genios estudiosos y vitales.

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