23 de Septiembre de 2018

Opinión

Iluminados coaligados

Como el caudillo de Morena que últimamente se ha arrogado el poder metafísico de perdonar a los priistas...

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Tal vez porque la religión constituyó una de las formas primitivas de dominación,  pienso que resulta un contrasentido que los políticos basen sus programas y discursos en cuestiones moralistas y que enfoquen la contienda electoral como una lucha entre los buenos, de su partido, y los malos, todos los de los demás, asumiendo facultades que la sociedad no les ha encomendado.

Como el caudillo de Morena que últimamente se ha arrogado el poder metafísico de perdonar a los priistas con la única condición de que se arrepientan y se afilien a su causa, dando prueba de su inagotable  misericordia. O Anaya, del PAN, que piensa que basta con nombrar un zar anticorrupción en su partido para combatirla.

Que, con ello, nos olvidaremos de su participación personal en los “moches”, que coordinó, al igual que a la bancada PANista, o de la extrema corrupción del régimen de Padrés en Sonora, por citar los más conocidos casos. Que con su amenaza de expulsar a los diputados que se opongan al desafuero de la legisladora sinaloense, ligada con un famoso narcotraficante, pretende evadir la responsabilidad de haberla postulado, olvidándose por otra parte de solicitar sanción alguna para Kate del Castillo, activista del PAN desde que postuló para senador a su papá.

Lo que se pide a los políticos es congruencia, más que moralidad, y ahí el joven derechista también sale debiendo, como en el caso de Preciado, su candidato perdedor en Colima que obligó a abortar a su novia, cuando su partido está en contra de dicha medida, lo que quiso enmendar, a la antigüita, casándose con ella, a unos días de las votaciones.

Otro tanto sucede con el caso de su candidato a gobernador para Veracruz, en alianza con el PRD, Miguel Ángel Yunes Linares, cercano cómplice de Elba Esther Gordillo, denunciado por haber participado en las “fiestas” de Succar Kuri, inculpado pederasta por  la periodista Lilia Cacho.

 Y para comprobar que los antípodas se tocan sólo hay que observar la compenetración de Anaya con Agustín Basave del PRD que, junto con AMLO, privatizan a su favor la propaganda de sus partidos y, agarrados de la mano, le exigieron a la PGR que certifique si sus candidatos tienen ligas con el crimen organizado, con lo que pretenden retroceder a las épocas de la policía política, cuyo trabajo consistía en mantener actualizadas las fichas de todos los personajes políticos y líderes sociales.

Pero la desvergüenza  de Anaya no tiene límite cuando habla de economía, pues asegura que los del PAN tienen la receta para mejorar el manejo del país, esperando que nos hayamos olvidado  del catastrófico desempeño de Fox y Calderón en la materia que, un entorno de lo más favorable, con un dólar menos caro y superiores precios del petróleo, lo que más creció fue la burocracia dorada,  sus sueldos y, ¿adivinó usted?: la corrupción. 

Hoy, a pesar de la turbulencia internacional, el crecimiento económico del país será superior al de la “docena trágica”.

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