16 de Octubre de 2018

Opinión

Imán de los Contemporáneos

Xavier Villarrutia fue el centro de atracción de los Contemporáneos, a pesar de ser calificado -junto con otros autores- de extranjerizante. La historia le hizo justicia y, por eso, un premio lleva su nombre.

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Este año se cumplieron 110 años del nacimiento de Xavier Villaurrutia, centro gravitatorio de los Contemporáneos, ‘’un imán que atraía hacia sí a todo mundo”, como lo recordaba Salvador Novo.

Nació el 27 de marzo de 1903 y murió el día de Navidad de 1950, apenas con 47 años. Los Contemporáneos fueron el “grupo sin grupo”, al decir del mismo Villaurrutia, llamados así por la revista que los aglutinó e hizo época entre 1928 y 1931, en dirección diferente a la de los vientos entonces dominantes del nacionalismo revolucionario.

Una reunión un poco difusa de jóvenes acusados de extranjerizantes por su acercamiento a las nuevas corrientes literarias fuera de México, que congregó nombres como los de José Gorostiza, Jaime Torres Bodet, Roberto Montenegro, Salvador Novo, Bernardo Ortiz de Montellano, Manuel Rodríguez Lozano, Carlos Pellicer, Jorge Cuesta y Gilberto Owen.

Un firmamento que a veces se acompaña con la célebre Antonieta Rivas Mercado, aunque ella fue más una emblemática mecenas que, además de las artes, financiaría la campaña presidencial de Vasconcelos, lo que consumió su cuantiosa herencia familiar, la llevó al exilio, a la debacle sentimental y a quitarse la vida en un acto de tragedia griega un día de 1931, en la catedral de Notre Dame de París, que tuvo que ser de nuevo consagrada.

Dice Christopher Domínguez, en su polémico e imprescindible libro Literatura Mexicana del Siglo V (por el quinto siglo de la lengua española en México), que a diferencia de los grandes escritores de la generación del Ateneo –Alfonso Reyes, José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán–, que “representan nuestro Gran Estilo clasicista” y que dispersos por la ola revolucionaria “obtuvieron su individualidad ganando la soberanía pública”, los Contemporáneos operaron en comunión, como mandarines que “desde la Torre de Marfil llaman a la oración por la poesía pura”.

Es imposible no “oírlos” en la tradición literaria mexicana, como ecos que ya son parte de la “textura” de nuestros escritores. Su obra, breve y fulminante, resuena en la literatura que para bien y para mal les siguió.

En palabras del mismo Christopher Domínguez: “Queda atrás en la vida de los Contemporáneos la persecución impuesta por los Tipos Duros del realismo y del nacionalismo, a los que vencieron con una obra escueta cuando la literatura quería medirse en metros, como los murales”. Como esta resonancia de Villaurrutia: Si en todas partes estás, / en el agua y en la tierra, / en el aire que me encierra / y en el incendio voraz; / y si a todas partes vas / conmigo en el pensamiento, / en el soplo de mi aliento / y en mi sangre confundida / ¿no serás, Muerte, en mi vida, / agua, fuego, polvo y viento?

El Premio Xavier Villaurrutia se llama así en homenaje a nuestro escritor y es definido por escritores célebres agrupados en la Sociedad Alfonsina Internacional, con el apoyo de Conaculta. Puede decirse, con gozosa irreverencia, que es un Panteón elegido desde el Parnaso.

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