23 de Septiembre de 2018

Opinión

Incomprensión, empatía, piedad

El caso de los leones que fueron sacrificados en Chile cuando un joven trato de suicidarse al lanzarse a la jaula de los felinos ha desatado polémica en el mundo.

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La semana pasada, en el zoológico de Santiago de Chile, ocurrió una tragedia que sacudió al país, ha sido noticia en toda América Latina y desató una furibunda reacción en redes sociales. Un muchacho de apenas 20 años, evadiendo las medidas de seguridad, ingresó al área donde viven los leones, después de forzar una rejilla y escalar un muro se arrojó desde una altura considerable para caer entre los felinos, dos hembras y un macho que en un principio no hicieron nada por atacarlo; el joven tuvo el tiempo necesario para desnudarse y luego comenzar a hablar acerca de Jesucristo, los leones y mencionar algunas citas bíblicas.

Las alarmas se dispararon y los vigilantes intentaron hacer retroceder a las fieras arrojándoles agua a presión; una de las hembras se refugió en su jaula y fue inmediatamente aislada. El joven asediaba principalmente al león e incluso lo sujetó por el cuello. Los animales comenzaron a atacarlo, los guardias en franca desesperación intentaron utilizar dardos tranquilizantes para adormecer a los leones, el macho le mordió la cabeza al joven y lo tomó por el cuello; en ese instante no había posibilidad de esperar a que los tranquilizantes hicieran su efecto y un guardia del zoológico disparó contra los felinos y los mató.

El muchacho fue internado gravemente herido en un hospital, mientras los chilenos reaccionaban de muy dispares maneras ante la tragedia; por la noche, un importante número de personas se congregó en el zoológico manifestando su total repudio ante las acciones de los guardias de seguridad y gritándoles, entre otras cosas, asesinos. 

Los guardianes mencionaron que se sentían abatidos y consternados por haber tenido que sacrificar a los leones, pero que su deber era preservar la vida humana y a pesar de sentir a esos animales casi como parte de la familia cumplieron con su deber.

En las redes sociales el joven ha sido prácticamente linchado, lo han llamado “maldito”, “desgraciado” y muchos otros calificativos insultantes. Mucha gente ha manifestado que era mejor preservar la vida de los leones y no la del joven y han condenado fuertemente a los guardias.

Toda esta tragedia dice mucho de quienes han tomado una posición u otra en el drama. Un psiquiatra ha manifestado que hay una absoluta falta de sensibilidad ante la salud mental de la población; es imperativo reflexionar acerca del estado de la mente de quien decide suicidarse entrando a la jaula de los leones, además se desnuda ante ellos y se pone a citar la biblia y a Jesucristo. 

Quien lleva al cabo una acción como ésta tiene que estar pasando una profunda depresión para considerar el suicidio y ha de ser presa de un profundo desequilibrio mental para desnudarse, citar la biblia y hablar de Jesucristo en ese momento. 

Pareciera que las personas que unánimemente lo han condenado no han sabido ponerse en sus zapatos y no han sido empáticos para entender el profundo sufrimiento y el ofuscamiento mental que pueden llevar a un ser humano a esta conducta; hay una evidente insensibilidad ante el estado mental de este joven.

Quienes condenan a los guardias y los tildan de asesinos muestran una inaudita incomprensión hacia ellos. Uno de ellos manifestó que han visto muchos ataques en su contra y que se sienten mal por lo acontecido, pero que, aunque el joven estuviera loco, era el hijo o el hermano de alguien y que si hubiera sido pariente de alguno de quienes los condenan no estarían diciendo lo mismo. El guardia declaró que el protocolo de seguridad tiene como prioridad la vida humana y animal, pero que ante el peligro jamás dejarían en riesgo de muerte a una persona.

Mucha gente ha caído en el inveterado vicio de encontrar al culpable, cuando lo único indispensable en este caso es la piedad. Piedad por unos inocentes animales que no tienen culpa de que un ser humano perturbado haya entrado a su jaula, piedad para un joven desequilibrado al que no sabemos qué sufrimientos o trastornos lo llevaron a tener una conducta autodestructiva, piedad con unos guardias de seguridad que, a pesar de convivir tal vez por años con los animales, tuvieron que sacrificarlos para cumplir su deber de proteger la vida humana.

Llama la atención la abrumadora condena en las redes sociales contra el muchacho, eso dice mucho de la incomprensión, la falta de empatía  y la poca piedad que todavía muchos seres humanos sienten por los otros.

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