20 de Septiembre de 2018

Opinión

Información para la prevención

Como no hay remedio, lo único que se tiene para enfrentar al SIDA es la prevención y, para ella, la información.

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Cuando hace tres décadas apareció en el panorama mundial esa enfermedad que conocemos como VIH-Sida, no sólo provocó el miedo que las epidemias han desatado ante lo desconocido a lo largo de la historia, sino que impugnó mucho de lo que creíamos ya bien resuelto por la modernidad. La soberbia ciencia médica, impotente, tuvo que agachar la cabeza ante el nuevo mal.

Se conocían casos de inmunodeficiencia inclusive por películas, como “El muchacho de la burbuja de plástico” con un John Travolta anterior a “Fiebre de sábado por la noche”. Pero del síndrome de inmunodeficiencia adquirida nada se sabía. Lo peor fue que su aparición cayó de sorpresa.

Con todo y la inmensidad de sus tragedias, la Segunda Guerra Mundial dejó una herencia invaluable en un aspecto: la penicilina. Pero la penicilina acababa con las bacterias y vencía, por ejemplo, la sífilis que en tanto sazonó leyendas como la de César Borgia o aun la de Friedrich Nietzsche. Pero ante un virus mutante como el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) ni la penicilina ni otros fármacos pueden hacer nada.

Desde su aparición ha costado la vida a, por lo menos, 25 millones de seres humanos y, aunque pueden paliarse con fármacos las enfermedades para las cuales no tiene armas el organismo con VIH-Sida, no hay todavía remedio alguno.

Lo único que se tiene para enfrentarlo es la prevención y, para ella, la información. Información para prevenir el contagio, para detectarlo a tiempo una vez contraído y para evitar la discriminación que sólo crea una cortina de miedos que oscurece el panorama.

El domingo pasado se celebró el Día Mundial de la Lucha Contra el Sida por 25ª. ocasión. Y, como cada año, el acento se ha puesto en la información: desde los niños que empiezan a ser púberes hasta los responsables de los gobiernos que deben ampliar presupuestos de investigación y tratamiento. 

Hay que insistir en ello porque el índice de infección sigue siendo el más alto entre los jóvenes. Aunque son ellos los más informados por Internet y redes sociales, es a ellos a quienes les “gana la gana” a la hora de practicar su sexualidad. Deben ir prevenidos, no fiados ni a su buena suerte ni a su fuerza de voluntad.

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