18 de Septiembre de 2018

Opinión

Injuria vs. propuestas

La frescura que la participación de Ana Rosa le imprime a la contienda electoral hace posible romper el monólogo de PAN-PRI.

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Juro que estuve a punto de pedirle a esta casa editorial que publicara en blanco esta columna como protesta contra los “estrategas” que en todas y cada una de las elecciones siguen haciendo lo mismo, sobre todo tratándose de Mérida, recetándonos el más amargo de los frutos de la democracia: saturar el espacio con descalificaciones y denuncias para exacerbar el enojo, el odio y el coraje de los ciudadanos.

La esperanza que da la posibilidad del cambio me inclinó, no obstante, a explicar los motivos de mi molestia, porque la inacción es, por otro lado, el efecto que buscan los promotores de la injuria, en lugar de la participación ciudadana, para hacer prevalecer sus intereses.

Y  limitar la discusión resulta abiertamente el objetivo de quienes se solazan con los mitos del pasado, tanto en cuanto a los temas a tratar: corrupción, fraude y transgresión a la ley,  como a los que tienen “derecho” a opinar, que esta vez pretenden excluir a los que se avecindaron aquí, así como a los jóvenes, que vivieron la alternancia.

Sin dejar lugar a la discusión de propuestas, programas y compromisos para alcanzar la ciudad que queremos construir; como si gobernar resultara un inocuo,  intrascendente, neutral y mecánico acto administrativo que no requiere planificación alguna, ni trazar metas y objetivos. Como si se tratara de dilucidar quién tiene el derecho “divino” para gobernar, con base en estrictas leyes hereditarias del medievo. 

Para imponer una visión chica, estrecha y obtusa sobre el desarrollo que le corresponde a nuestra ciudad capital que, a fuer de bella y pacífica, acusa ya las deficiencias y carencias que su crecimiento acelerado de las últimas décadas ha ocasionado, más por la migración campo-ciudad que por la atracción que ejerce sobre la población de otras entidades del país, que como ciudadanos tienen el derecho de recibir de las autoridades municipales las obras y servicios que merecemos los habitantes, todos,  de esta gran ciudad.

Afortunadamente entre las primicias del avance democrático se encuentra el voto razonado que va ganándole más terreno al voto duro y que al conformar más del 30% resulta cada vez más importante para ganar las elecciones; para nuestra suerte, con la experiencia de la alternancia, los electores están dispuestos a escuchar a todos los candidatos, sin permanecer como voto cautivo de un partido.

Yo creo que la campaña electoral es el tiempo de los candidatos; de oírlos, que muestren su capacidad para escucharnos y que planteen soluciones razonables para nuestros problemas y demandas.

Dejando atrás a los que utilizan la vieja táctica del desprestigio, dialoguemos con los candidatos, en especial con los que llevan las de ganar: Nerio Torres, Mauricio Vila y Ana Rosa Payán.

La  frescura que la participación de Ana Rosa le imprime a la contienda electoral hace posible romper el monólogo PAN-PRI y establecer un verdadero diálogo entre los candidatos y la ciudadanía.

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