10 de Diciembre de 2017

Opinión

La intolerancia, en nuestro ADN

La tolerancia consiste en reconocer a los demás el derecho a que se respete su persona e identidad, porque lo contrario fragmenta y deteriora el tejido social.

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A unos días de que nueve afroamericanos fueran asesinados en una iglesia de Carolina del Sur, el primer presidente negro de la historia de EU declaró en una entrevista que el racismo sigue siendo “parte del ADN” de ese país.

Si el racismo es parte del ADN de los estadunidenses, la intolerancia lo es del ADN de los mexicanos, vestida con diferentes ropajes y practicada en casi todas las actividades por casi todos. Y si la palabra negro tiene connotaciones racistas en el vecino país, aquí, indio lo es para referirnos a las minorías étnicas que poco toleramos y menos respetamos.

Conapred dice que, en su forma más simple y básica, la tolerancia consiste en reconocer a los demás el derecho a que se respete su persona e identidad, porque lo contrario fragmenta y deteriora el tejido social.

En México, los actos de intolerancia se dan por razones de etnia (indio es una palabra peyorativa), nacionalidad (nos quejamos del racismo de EU y lo practicamos con los centroamericanos), preferencia sexual, color de piel, creencias religiosas y políticas, estas últimas rayan en la violencia como la que se vive actualmente.

Regresando a Estados Unidos, Barack Obama dijo que “las sociedades no borran de la noche a la mañana todo lo que ocurrió en los 300 años anteriores”, aquí, en México, más de 600 años después de la conquista española tampoco han borrado esa intolerancia, sino que se ha extendido a otras mal llamadas minorías: homosexuales, pobres, adultos mayores, discapacitados, etc.

La intolerancia también tiene su cuota en las fuerzas armadas, pues no obstante que las jerarquías son parte esencial de la milicia, en ocasiones se ejerce el mando con visos de intolerancia, abuso y desprecio hacia los subordinados, particularmente por los de cuerpos ejecutivos.

De 'sangre azul'

Como ejemplo, en los buques de la Armada se divide a los oficiales en dos grupos: los egresados de escuelas de formación, como la Heroica Escuela Naval y la Médico Naval, llamados técnicos; y los que han escalado jerarquías desde marineros, los de Escala de Mar. La disciplina y la organización evitan conflictos de autoridad, pero de cuando en cuando se topa uno con comandantes y oficiales intolerantes, a quienes la tripulación etiqueta como “de sangre azul”. 

En ocasiones, muchos de estos no son “juniors” (hijos de almirantes o capitanes), sino que tienen un origen humilde, tanto que –dicen las viejas anécdotas marineras– muchos se avergüenzan de ello y hasta evitaban visitas de sus familias cuando cursaban estudios en la Escuela Naval.  

La ONU dice que la tolerancia es algo que debe aprenderse desde la infancia y que deben promover las naciones, porque esto contribuye a un mundo más justo, sin violencia y sin discriminación. 

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