21 de Septiembre de 2018

Opinión

IV Tiempo: proyecto postal (8)

Dotar de cámaras a los propios habitantes de un poblado hará que las postales tengan lo que les hace falta: el corazón.

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Hoy comentaremos la propuesta de Josué Enmanuel Argáez Cruz, que también formó parte de este proyecto experimental en Santa Elena y en el que a partir de su estancia en el municipio empieza a generar ideas relacionada con las tarjetas postales

En principio señala que en todas partes del mundo vamos a encontrar tarjetas postales y que ninguna de éstas muestra una fotografía real o con valor en la que quede grabada una carga sentimental.

Por sus expresiones, nos hace suponer que el cielo azul y el contraste con lo verde de la vegetación del Puuc lo impactaron, ya que señala que “en la realidad, no es común ver un cielo tan azul como en una postal ni el verde de las plantas tan brillante”.

Esa sensibilidad de Josué, como buen observador de la naturaleza, le permitió generar una idea de involucrar a los lugareños, pues considera que quienes mejor podrían plasmar una imagen del lugar son los que lo habitan y lo frecuentan. Con ese objetivo le repartiría cámaras y dejaría que la gente tomara sus postales para luego imprimirlas.

Pienso que si el municipio de Santa Elena pudiera ser un destino, una segunda parada en un marco de ecoturismo y para tomar las fotografías, éstas serían más personales y emotivas que las de un fotógrafo profesional.

Las fotos de los habitantes también serían una segunda opción que me convenció y me agradó más, ya que se trataba de hacer este proyecto dentro de la comunidad de Santa Elena.

La estancia grata de Josué fue justo para convivir en el lugar y con sus habitantes. Cualquiera diría que, después de estar ahí, uno ya es parte de la comunidad, pues es un lugar muy bonito que tienes que imaginarte y vivir.

En el Colegio de Bachilleres encontró  un aliado, Ricardo, que no dudó en aceptar tomar las fotografías y después de recorrer el pueblo, conocer a algunas personas y esa posibilidad de haber probado la rica comida regional, con las cámaras en mano y con ansias de saber cuáles fueron las mejores imágenes, nuevamente se regresaron a Mérida, pero con una esencia y otra lectura de la realidad que se vive en Santa Elena.

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