16 de Agosto de 2018

Opinión

'Jesús, la fuerza del amor'

Hoy Jesús esté tocando la puerta de nuestro corazón para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Porque Él es la fuerza del espíritu.

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EE evangelio de Jesús condena nuestro egoísmo y nos vive desafiando todos y cada uno de los días de nuestra vida a dar todo lo bueno y honesto que hay en nosotros.

Nos pide que le demos un nuevo sitio a nuestro centro de gravedad, que lo desplacemos de la prisión del egoísmo hacia el mundo de los demás. Que lo saquemos de nuestro yo y lo llevemos hacia nuestros hermanos, que salgamos del placer hacia el amor. Nos pide que creamos que la única fuerza verdadera que hay en el mundo es la fuerza del amor.

Jesús nos exige que amemos no solamente a nuestros amigos, sino también a nuestros enemigos. Nos exige una revolución de conversión. Que seamos otra vez el camino, la verdad y la vida. Que seamos junto con Él, el agua viva, para saciar al sediento que está sufriendo de la falta de amor.

Tan pronto como le dices “sí” a la fe en Jesús, y aceptas su programa para llegar a la plenitud de vida, entonces el mundo entero ya no puede girar alrededor de ti, de tus necesidades y de tus satisfacciones. Todo lo contrario: tú tienes que girar alrededor del mundo, tratando de vendar sus heridas, amando a los muertos para que vuelvan a la vida, encontrando a los que se hallen perdidos, deseando a los indeseables y dejando muy lejos todas la preocupaciones egoístas y parasitarias que desangran nuestro tiempo y nos quitan las energías.

Parece fabuloso, pero es real, estamos llamados a salir fuera de nosotros mismos, como si tuviéramos que salir de una vieja casa -en donde hemos vivido durante algún tiempo y nos daba seguridad- a donde no hemos de volver nunca. Es un volver a nacer en un hombre nuevo y generoso, dejando al viejo, al decrépito y al egoísta.

Escribía el sacerdote Jesuita Phill Bosman: “Tan pronto como encontramos verdaderamente a Jesús por medio de la fe, ya no podemos ser otra vez los mismos”. A esto se le llama el camino o el peregrinaje de la fe.

Y este camino resulta todavía más enorme, porque en él no hay fianzas económicas, ni mapas que indiquen un destino fijo, ni procesos lógicos de verificación. Solamente una voz, la voz de Cristo dentro de nosotros que nos pide: “Libérate...Libérate... Confía en mí... Cree en mí... Libérate”. Esto sería demasiado si Él no pusiera amablemente su mano en la nuestra diciéndonos: “No tengas miedo. Yo he vencido la muerte”.

Jesús nos dice simplemente: “¡Suelta!.. Suelta todos esos planes insignificantes de seguridad humana. No te preocupes de lo que vas a comer, a beber o a vestirte. Busca primero el reino de Dios y yo me ocuparé de ti. No trates de acomodarme a mí en tus planes, sino procura encontrar tu lugar, en los míos. Haz que yo sea tu principal preocupación, y yo me ocuparé de tus preocupaciones”.

Hoy Jesús esté tocando la puerta de nuestro corazón para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Porque Él es la fuerza del espíritu, es la fuerza que nos da vida, ¡Jesús es la fuerza del amor!

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