23 de Febrero de 2018

Opinión

Juanito y el mar

El mar y la playa necesitan estar solos un tiempo para curarse del daño que muchos les hacemos cada temporada...

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El último día de vacaciones Juanito se acercó a su mamá y le preguntó: ¿Mamá, cuando regresemos de nuevo a la playa el agua y la arena nos estarán esperando? La madre sonríe y le dice: Claro hijo, el mar y la arena siempre están aquí, ellos nunca se van, aquí viven. Juanito se acerca a la ventana de la casita en la playa y mirando al mar expresa: ¡Y nosotros por qué nos vamos! Deberíamos quedarnos aquí siempre. La señora sonríe y externa: El mar y la playa necesitan estar solos un tiempo para curarse del daño que muchos les hacemos cada temporada que venimos. 

Hasta que escuché a Juanito pude comprender lo bello e impactante que es para los niños disfrutar del mar. Cierto es que los miles de visitantes veraniegos que llegan a nuestra Riviera Yucateca contaminan aguas y playas (arena), dejando cientos de toneladas de residuos sólidos dentro y fuera del mar: latas, botellas, pañales, etc. Y esa contaminación va en  gradual aumento conforme pasan los días de la temporada y no se limpia. 

El efecto de descomposición de residuos orgánicos se acelera y genera, además de un olor muy desagradable, una afectación y un problema serio para la salud humana.  A manera de ejemplo, déjeme decirle que el municipio de Progreso genera al día 56 toneladas de residuos sólidos en fechas normales, pero en temporada produce de 120 a 130 toneladas, situación por demás compleja, ya que el puerto no cuenta con relleno sanitario con capacidad para procesar tal cantidad de basura, y eso es en gran parte por una mala planeación del manejo adecuado de los residuos sólidos urbanos, no sólo en Progreso sino en la mayoría de nuestros municipios. 

Decimos adiós a las vacaciones de verano, ahora nos queda reflexionar sobre qué hacer para disminuir la contaminación que causamos a nuestro entorno en general. Hay que entender que nuestra madre naturaleza tiene grandes virtudes y grandes cualidades, que muchas veces parece que no comprendemos y por eso reaccionamos así ante la grandeza pero  a la vez debilidad de nuestro entorno ambiental. Mando un saludo a Juanito y a su mamá y les agradezco haber podido ser testigo de ese gran momento de reflexión que me llevó a escribir este Caleidoscopio.

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