18 de Noviembre de 2018

Opinión

La cal en la arqueología (3)

Hoy el Juego de Pelota luce diferente mediante acciones de conservación innovadoras que garantizan la estabilidad del edificio y evitan el deterioro al que había estado sujeto.

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La zona arqueológica de Chichén Itzá es uno de los asentamientos prehispánicos con problemas añejos. Algunos de esos problemas son alrededor de mil vendedores en el interior que todos los días realizan sus necesidades fisiológicas a cielo abierto, inmuebles donde se expenden refrescos y frituras, ampliaciones del hoteles y recientemente la construcción de un museo del chocolate.

Otro de los aspectos es la conservación de los monumentos de la gran nivelación, en donde se encuentran el Gran Juego de Pelota, el Tzomplantli, el Templo de las Águilas y Jaguares, el Templo de Venus, el Castillo de Kukulcán, el Templo de las Mesas, el Templo de los Guerreros y las Mil Columnas.

Estos edificios fueron intervenidos entre los años 30 y 50 y los 90. Pero a partir de una intervención malograda, fui comisionado junto con un grupo de consejeros para intervenir el Juego de Pelota, el Castillo y el Templo de los Guerreros. 

El aspecto que presentaba el Juego de Pelota hasta hace dos años era de falta de acabados y crecimiento de vegetación en la superficie y zanjas abiertas en donde estaban colocadas las lámparas de luz y sonido, tanto en los basamentos como en los edificios paralelos, que también estaban sin acabados que sellen su superficie y con vegetación. En las mismas condiciones se encontraban los cabezales del mismo conjunto arquitectónico. Han transcurrido ochenta años de exposición al ambiente y los materiales de fábrica han permitido de este edificio aún se conserve en pie.

Se inició eliminando la vegetación y el sedimento hasta llegar a los núcleos originales. Posteriormente se renovaron los volúmenes utilizando las mismas piedras amorfas que se removieron con mortero a base de cal apagada en una proporción de tres partes de  polvo de piedra por una del mineral y cuatro  partes de polvo de piedra por dos partes de cal hidratada. 

Para los acabados y para lograr un tono que semeje el color prehispánico se utilizó corteza de tzalam y chucum remojada en agua durante meses hasta que se tiñó con el color de la corteza y  agua de nopal como complemento del bruñido.

Después se procedió a bruñir la superficie con cantos rodados hasta sellar los poros del mortero. 

Gracias al regreso al empleo de materiales y técnicas ancestrales compatibles con los materiales que fueron empleados en su construcción original, hoy el Juego de Pelota luce de manera diferente mediante acciones de conservación innovadoras que garantizan la estabilidad del edificio y evitan el deterioro al que había estado sujeto.

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