13 de Diciembre de 2018

Opinión

La caravana del SNTE

El pasado sábado se vivió en Chetumal la primera movilización del SNTE en contra de la Reforma Educativa impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto...

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El pasado sábado se vivió en Chetumal la primera movilización del SNTE en contra de la Reforma Educativa impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto, en una velada amenaza de que las cosas podrían ir subiendo de tono, hasta llegar a los paros laborales en perjuicio de miles de niños y jóvenes.

El líder del magisterio en Quintana Roo, Rafael González Sabido, señaló que esta caravana tuvo como objetivo informar a los padres de familia acerca de las “implicaciones” de la reforma educativa, y solicitarles su firma para que se opongan fuertemente a la aplicación de la misma.

La acción desplegada por poco más de una centena de profesores –principalmente comisionados del SNTE y secretarios delegacionales de la organización– es una más de las estrategias de presión ordenadas por la lideresa nacional, la repudiada Elba Esther Gordillo, para amagar contra el gobierno federal y lograr que le concedan su cuota de poder.

Los berrinches de Elba Esther la han hecho girar instrucciones a sus esbirros de las secciones estatales, quienes como fieles sirvientes no discuten las órdenes de su jefa, simplemente las acatan.

Y aunque Rafael González presumió de la “civilidad” del magisterio quintanarroense de realizar este movimiento en un sábado, buscando no afectar a los alumnos, lo cierto es que el gremio no se ha caracterizado precisamente por defender a capa y espada las clases y el derecho a la educación de los niños.

En la zona centro, en los combativos municipios de Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos, los rumores de paros y huelgas para protestar contra las reformas laboral y educativa son cada vez más fuertes, y ya se escuchan fuerte los tambores de guerra.

La lucha del magisterio en este caso es infundada, pues la exigencia es para que se retire de la ley la posibilidad de que los maestros con bajo desempeño o no aptos para trabajar puedan ser despedidos, como cualquier trabajador ineficiente.

Es decir, que quieren tener la garantía legal de que su plaza jamás les será quitada sin importar que sean unos papanatas, que no tengan el nivel de conocimiento requerido, o el carácter, o el perfil psicológico para tratar con niños.

Su seguridad laboral está antes que todo y lo demás, es lo de menos.

La lucha del SNTE se ha convertido en una lucha para proteger a los maestros flojos, mientras los buenos maestros son arrastrados en estas movilizaciones que no hacen más que denigrar aún más esta loable profesión.

Porque de ser evaluados, seguramente a los primeros que pondrían de patitas en la calle son a los zánganos comisionados en la sección 25 del SNTE, muchos de los cuales llevan 15 años sin dar golpe en las aulas y sin tomar un solo curso de actualización.

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