23 de Septiembre de 2018

Opinión

La carcajada de un antiguo clásico

Los clásicos una y otra vez demuestran que llegaron y permanecieron durante siglos porque se lo merecían.

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A los clásicos les llueve por todos lados. O son considerados por el gran público como aburridos o las nuevas tendencias los desprecian para arrancar desde una tabla rasa que, en múltiples ocasiones, sólo lleva al descubrimiento del hilo negro. Pero, no. Ni son aburridos ni son despreciables. 

Una y otra vez demuestran que llegaron y permanecieron durante siglos porque se lo merecían. Y en el Centro Cultural Olimpo ha estrenado su versión de Formión de Terencio el actor, dramaturgo y director Miguel Ángel Canto.

Si como actor ya se enfrentó con Eurípides en Las Troyanas y como dramaturgo ha partido de Esquilo (Orestes o Dios no es máquina) para aterrizar en Beckett (Aguantando al taquero), como director de escena ha montado a Plauto, a Shakespeare y ha sacado a las calles al Tartufo de Molière. Ahora se enfrenta con Terencio en una producción de Formión que cuenta con el apoyo del FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes).

Canto explica: “La maestría de Terencio tuvo gran influencia durante las diferentes épocas que le siguieron.., haciendo fecundos Renacimiento y Barroco, llegando hasta nuestros días con vitalidad sorprendente. La Commedia dell’Arte vendría a recoger y rescatar el conocimiento de toda una serie artistas escénicos marginales y casi fugitivos por la condena de los poderosos dogmas cristianos... Y a través de la Commedia, siguieron siglos de gloriosa fecundidad teatral que se extendió por toda Europa y sus colonias.

Así, la deuda es grande. Es necesario ver sus obras en nuestra actualidad, sobre todo en nuestras técnicas contemporáneas de creación escénica, permitiendo la revaloración de las voces de estos autores así como la renovación de nuestro propio teatro”. 

Mientras quienes hacen teatro reconocen la actualidad de Terencio, tal vez lo más importante es que resulta divertidísimo.

Cuando el gran problema del arte escénico es que ha perdido público, puestas como ésta lo hacen especialmente atractivo. Con un grupo de espléndidos actores capaces de bordar los encajes de la comedia, de lo más fino a lo grotesco, Miguel Ángel Canto prueba que la carcajada de un clásico con más de dos mil años de edad resuena contagiosa y libre.

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